Y SIN EMBARGO magazine

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Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

YSE#09 : nick drake

Uno de los artículos de Y SIN EMBARGO #09, “Nick Drake: música para un tiempo sin respuestas“, de Hernán Dardes.

 

Ironía. O de cómo morir en el anonimato a renacer acompañando el placentero andar de un auto en un comercial de Volkswagen. De pasar de secreto mejor guardado a convertirse en una referencia inevitable. Hechizo. De encontrar el sonido perfecto que describa por igual la tristeza más acongojante y la paz más confortable. Escuchar la música de Nick Drake equivale a encontrar la mejor compañía en la soledad, para terminar con la sensación de haber acompañado a un solitario. Un perdedor, un tierno perdedor; y es por eso que se lo ama. Otro icono de la autodestrucción, pero con la paradoja de la sospecha de un suicidio por error. Un libro de poemas en la mesa de luz, los conciertos Brandenburgueses de Bach en el viejo tocadiscos y un puñado de antidepresivos confundidos con somníferos resultan la mejor puesta en escena para una muerte, que como último coqueteo con el olvido comete el error de llegar un año antes de los 27…
Nick Drake estuvo muy cerca de convertirse en el hijo ideal de una típica y adinerada familia británica. Había nacido en Birmania el 19 de Junio de 1948, en uno de los viajes de su padre como vendedor de antigüedades, y después de una breve estadía en Bombay recaló en una bella mansión al sur de Birmingham. Y tuvo una infancia perfecta: buen alumno, amante de la música clásica, capitán del equipo de rugby, miembro del coro de la iglesia…, pero como a todo joven de su generación se le cruzaron Lennon y McCartney. Y ya con guitarra en mano y las primeras composiciones en su cabeza, siguió mansamente el camino trazado y se dedicó a estudiar literatura inglesa en Cambridge; entonces junto a los románticos franceses y a William Blake llegó el hachís.
Por aquellos años, y gracias a Bob Dylan, de ambos lados del Atlántico empezaban a aparecer grandes cantautores. Basta con repasar alguno de los nombres (Neil Young, Tim Buckley, Van Morrison, Donovan, Paul Simon, Cat Sevens, Leonard Cohen) para tener conciencia de la calidad artística del contexto en donde Nick debía moverse. Fue el productor Joe Boyd, a instancias de Ashley Hutchings, de Fairport Convention, quién le dio la posibilidad de grabar su primer disco: “Five leaves left” (1969), nombre tomado del aviso que aparecían en los paquetes de papel de armar cigarrillos cuando quedaban apenas cinco de ellos. El trabajo es un perfecto compilado de notas del diario íntimo de un joven que aun carga con todas las dudas y esperanzas de la adolescencia. Un auténtico conjunto de canciones en donde el artista no tiene el menor prejuicio en desnudar todas sus inquietudes. Nick Drake no canta, Nick Drake susurra. Lo aprendió de Jaques Brel, de Aznavour y de sus amados cultores de la “chanson” francesa. Y la versatilidad con la guitarra más los bellos y sutiles arreglos terminan por redondear un trabajo perfecto, imprescindible. Hay canciones de una belleza única como la reflexiva “Day is one” y “Cello song” (Olvida este mundo cruel al que yo pertenezco/Yo me sentaré y esperaré/Y cantaré mi canción/Y si un día me vieras entre a multitud/échame una mano y elévame a tu sitio entre las nubes). El amor aparece en canciones como en la melancólica “Time has told me” y en la balada “Man in a shed” cargada de tierna poesía adolescente (Había un hombre que vivía en un establo/pasaba sus días con la cabeza perdida/porque su tinglado estaba podrido bajo la lluvia(…)Había una chica que vivía por allí cerca/Cada vez que la veía él solo era capaz de mirarla(…)Bien, esta historia no es tan nueva/Pero el hombre soy yo, y la chica eres tú/así que deja tu casa y ven a mi establo/Por favor, no dejes que mi mundo siga lloviendo a través de mi cabeza…). “Fruti tree” es una curiosa y premonitoria reflexión sobre la fama (La fama es como un árbol frutal/así de inestable/nunca puede crecer). También se destacan “River man” y “Way to blue” de impecables arreglos de cuerda a cargo de Robert Kirby (Mira a través del tiempo y encuentra tu rima/Cuéntanos lo que encuentres/Esperaremos a tu puerta/esperanzados como el ciego).
A pesar de las excelentes críticas, comercialmente el álbum resultó un fracaso. Y las presentaciones en vivo no fueron mejores. La inmensa timidez, la frágil personalidad de Drake lo llevaban a mostrarse en el escenario sentado en una silla, con la mirada fija en el piso casi sin contacto con el público. La suma de contratiempos no podía hacer otra cosa que derrumbarlo. Abandona la mansión para trasladarse a Londres y deja inconclusa la carrera en Cambridge. Pero es precisamente el sello, y en especial su dueño Joe Boyd el que sigue creyendo en él, colocando a su servicio todo lo que estaba a su alcance para grabar el sucesor de “Five leaves left”. Se suman pianos, flautas, saxos, el talento de John Cale y el resultado es otro disco impecable. “Bryter Layter” fue publicado en 1970, y resulta una ampliación del espectro compositivo, sonoro y poético de Drake. Las canciones folk dan lugar a piezas más cercanas a un jazz suave y seductor, y se agregan temas instrumentales (“Introduction”, “Sunday” que abren y cierran el disco respectivamente, y “Bryter Layter”). “Fly” es una plegaria conmovedora, y “Poor boy” una rareza en su repertorio, probablemente el único momento donde abandona su lírica para cantarle junto a los coros femeninos de Pet Arnol y Doris Troy a un vagabundo (Oh! Pobre chico/tan preocupado consigo mismo/Oh! Pobre chico/tan preocupado por su salud). Las letras adquieren una importancia mayor, ya que además de haber ganado en calidad, su melancolía y tristeza se contraponen con el aparente optimismo que proponen algunas de las melodías. “One of these things first” (Yo podría haber sido un marinero/podría haber sido un cocinero/un amante de carne y hueso (…)podría haber sido tu puerta/podría haberme quedado a tu lado/haberme quedado más tiempo/podría haber sido tu estatua/podría haber sido tu amigo (…) yo podría haber sido/una de estas cosas, en primer lugar) y “At the chime of a city clocks” son ejemplos de los versos más hermosos que haya escrito. El disco se cierra con “Northern sky” , una emotiva canción de amor cuya letra no hace otra cosa que confirmar la virtud de su poesía (Nunca sentí la magia tan locamente/nunca vi que las lunas conocieran el significado del mar/nunca tuve la emoción en la palma de la mano/o sentí dulces brisas en lo alto de un árbol/Pero ahora tú estás aquí/iluminando mi cielo norteño). Pero a pesar de las esperanzas de todos quienes estaban a su alrededor, el disco no consigue repercusión comercial.
Fragilidad, fracaso y abandono (Joe Boyd vende su sello Witchseason a Island Records) son el perfecto caldo de cultivo para la depresión. Y allí cayó inevitablemente Nick Drake en esos años. Fueron tiempos oscuros, de tratamientos psiquiátricos, de vaivenes permanentes en el estado de ánimo. Pero un día allá por 1972, un desaliñado Drake deja en la recepción de Island, en el más absoluto silencio, las cintas de “Pink moon”, lo que sería su último trabajo. Había sido grabado en dos días, solo él, un piano, la guitarra y el apoyo moral de John Wood, su amigo de toda la vida. “Pink moon” (1972) es una agonía de poco más de veintiocho minutos. Es hermosamente cruel y doloroso. Los once breves temas se suceden en un angustiado viaje del que ni la delicadeza en la voz de Drake podrá ocultar su destino mortal. Pero como muchos otros grandes artistas, Nick Drake hace del dolor el mayor alimento para su talento. “Pink moon” abre el disco y no permite dudar de qué se trata (Lo he visto escrito y lo he visto decir/la luna rosa está en camino); “Place to be” en una cruel confesión que hiela la piel con solo oír la primera frase (Cuando yo era joven, más joven que antes/nunca vi la verdad colgando de la puerta/y ahora que soy más viejo la veo cara a cara/y ahora que soy más viejo tengo que levantarme a limpiar el lugar (…)Ahora soy más débil que el pálido azul/Oh, tan débil en esta necesidad de ti). “Road” es otra melodía conmovedora que nuevamente cumple la función de afable despedida (Yo estoy viendo la luna claramente/Puedes tomar el camino que te lleva a las estrella/ ahora yo puedo tomar un camino que me salvará). Y las canciones se suceden como si fueran una sola, “Wich Hill”, la instrumental “Horn”, la desgarradora “Things behind the sun”, el blues de “Know” (Sabes que te amo/sabes que no me preocupa/sabes que te veo/sabes que no estoy allí), las inmensas “Parasite” y “Free ride”, para terminar con la oscura melodía de “From the morning” (Un día amaneció y fue hermoso/un día amaneció desde el suelo/después cayó la noche/y el aire era hermoso/La noche cayó por todas partes).

Único, inigualable, cientos de adjetivos serán poco para conseguir describir las sensaciones posibles luego de haber escuchado “Pink moon”. Un trabajo al que la posterior muerte de Nick Drake aumentará en su significado, y sin el cual no podrán explicarse jamás los Ian Curtis, los Robert Smith, los Matt Johnson que siguieron al estallido del punk, y que será referencia ineludible para las Beth Orton, las Beth Gibbons, las Kerenn Ann, los Belle & Sebastián de “Dear catastrophe waitress” y tantos otros.

Siguieron, como no podía ser de otra manera, días de abandono y abatimiento. Idas y vueltas a la casa de sus padres, alguna internación, un viaje a París y la grabación de sus últimas canciones compiladas en 1986 en el álbum “Time of no reply”, tan cautivante, estremecedor y genial como los editados en vida. “I was made to love magic” (Nací para amar a nadie/para que nadie me amara), “Black eyed dog” o “Voice from the mountain” son piezas únicas que no hacen otra cosa que confirmar su talento. Entonces la trágica mañana del 25 de Noviembre de 1974 y por supuesto el olvido. Hasta que alguien, algún otro tan perdedor como él pero que logra torcer su destino, se acuerda de citarlo. Y otros lo escuchan, empiezan a venerarlo y el mito crece. Y un publicista lo rescata y entonces el mito es exitoso, y aparecen cintas, demos, reediciones y tributos. Pero más allá de todo está su arte, sus cuatro álbumes gloriosos, sus versos conmovedores; una vez más la obra trasciende al autor, lo agiganta, lo glorifica. Y por suerte estamos nosotros para apropiarnos de su música, adorarla, sufrirla. Hacerla cómplice de nuestras soledades y sentir una vez la hermosa sensación de estar haciéndole compañía.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=RPM9uRZ3tN0[/youtube]

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5 pareceres, respuestas o pings

  1. Gracias por publicar este extraordinario texto sobre Drake.

    jv

  2. fp

    Gracias por tu comentario, Jaime.

    fp

  3. juan_in

    verdaderamente
    (y como es habitual en Dardes)
    exquisito artículo.

    rv

  4. Angie

    maravilloso lo que he leido.
    es extraño porque al leerlo siento tristeza y alegria. al mismo tiempo..
    realmente adoro su música y cada vez que la escucho me doy cuenta que la única persona ke me entenderia .. y claro que me entiende. porque a travez de su musica sé que no estoy sola. y que tengo esas hermosas melodias entrando por mis oidos.
    miles de saludos

    adios.

  5. Just wish to say your article is as amazing. The clearness in your post is just great and i could assume you’re an expert on this subject. Well with your permission let me to grab your feed to keep updated with forthcoming post. Thanks a million and please keep up the rewarding work.

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