aquí, allá y everywhere, por hernán dardes. ysinembargo#10. desterritorialización
“Un mexicano, un filipino, un negro y una rubia. ¡Somos el sueño de Benetton hecho realidad!”.
La célebre y repetida humorada de Fergie, cantante estrella de los Black Eyes Peas no es más que una divertida descripción de lo que cada vez con más asiduidad puede verse en el mundo de la música pop. Las migraciones desde los países del tercer mundo a los centrales, ya sea en busca de posibilidades económicas, libertades políticas, o por la propia dinámica de las necesidades de las empresas multinacionales en el marco de una economía globalizada, ha comenzado a tener una lógica expresión en el mundo de la cultura. Y si esto sucede en un ámbito (la cultura rock, entendiéndola como tal, desde el nacimiento de la Beatlemanía) donde la búsqueda de nuevos sonidos y ritmos ha sido una constante permanente, a fuerza de evitar repeticiones y estancamientos, la incorporación de estas expresiones y artistas termina por darse en forma natural y para nada traumática.
Pero la cuestión por definir es hasta donde esas expresiones remiten y referencian a los países y culturas de origen, o si bien esas características propias quedan diluidas en lo general y pierden personalidad a causa de una asimilación casi total por parte del lugar donde se generan esas expresiones. Por otra parte, esta situación se da en un contexto donde el acceso a la música se ha masificado a causa de los medios, principalmente Internet, mediante sitios de intercambio o infinidad de espacios propios que son fuente de búsqueda y consulta permanente, con lo que el conocimiento de esos otros ritmos y sonidos es mucho más común, y su utilización no queda reducida a expresiones únicamente autóctonas. Hasta hace pocos años atrás el interés de músicos como Peter Gabriel (promoviendo a artistas como Yossou N’Dour), David Byrne (desde su sello Luaka Bop) o Ry Cooder (rescatando a músicos cubanos en el trabajo plasmado en el film de Win Wenders “Buena Vista Social Club”) eran casi el exclusivo motor de promoción de música proveniente de países periféricos y su inserción en el mercado internacional, pero hoy programas como el perseguido e-mule, o sitios como myspace han conseguido que esa difusión se de en forma crecientemente masiva y que, mas allá de la verdadera calidad de las expresiones difundidas, muchos artistas hayan encontrado oídos en sitios hasta donde hace poco se les hacía impensable.
El caso de América Latina es tal vez donde más se puede apreciar este fenómeno. El gigantesco crecimiento de la colonia latina en Estado Unidos llevó a una demanda cada vez mayor de artistas provenientes del resto del continente. Y a partir de los años ’90 se expandió un mercado para músicos a los que anteriormente les había resultado casi imposible acceder a los estados unidos, tal es así que la figura de Carlos Santana era prácticamente la única que había podido insertarse y permanecer en el medio. Pero el crecimiento del rock y el pop especialmente en México, mas la actividad de la propia comunidad latina ha creado un ida y vuelta cultural que continúa en crecimiento y promete ser un salto virtual por sobre el infame muro antiinmigración de Geroge Bush. Mientras desde México bandas como Nortec Collective o Kinky incorporan la electrónica a los tradicionales corridos, desde los Estados Unidos, Calexico toma elementos musicales del México más tradicional, y The Mars Volta incorpora a su cóctel anárquico y explosivo típicos sonidos del sur del Río Bravo. Gente como Plastilina Mosh, Cartel de Santa y esencialmente Molotov encuentran en el rap y el hip hop darle forma a su grito de rebelión, y las letras han empezado a intercalar los idiomas español e ingles sin ningún tipo de prejuicios. Y probablemente sea esta comunión cultural la que haya permitido el mayor desarrollo del mercado del rock y el pop mexicano por encima de otros, como el argentino, cuyo crecimiento es anterior al del norte de Latinoamérica, aunque esta idea requeriría de un desarrollo mayor al que voy a obviar.
Pero que sucede cuando los artistas emigran y desarrollan su actividad en tierras lejanas y poco afines a sus orígenes? Me voy a centrar primero en dos casos: Orishas y Outlandish. Dos grupos, ambos de hip hop, y que no casualmente abrazan este estilo. Así como el reggae alguna vez, el hip hop ha trascendido la valla de sus propios límites y es hoy punto de partida o al menos de referencia para la mayoría de la música que se oye en nuestros días. Y tal vez su origen marginal y la facilidad con que sus bases rítmicas se adaptan a otros estilos parecen ser las razones por la cual muchos artistas se terminan identificando con este estilo.
El MC alemán llamado Flaco – Pro fue el impulsor de Orishas. Estaba trabajando junto al productor Niko Noki sobre el proyecto de mezclar hip hop con música tradicional cubana. Y a su llamado acudieron Roldan González Rivero, Hiram Riverí Medina y Yotuel Omar Romero Manzanares, quienes desarrollaban su actividad en distintos puntos de Europa: París, Milan y Madrid respectivamente. “A lo cubano” (2000) fue el primer trabajo del grupo, que les otorgó muy buenas críticas y suceso comercial, especialmente en España. Las letras se centran fundamentalmente en las raíces cubanas, hablan de su gente, sus barrios, sus costumbres desde un lugar donde cuesta percibir la distancia que separa a los intérpretes de la tierra a la que refieren. La buena recepción les permitió compartir escenario con artistas tan disímiles como Iggy Pop, Cypress Hill y Marcus Millar, pero durante la gira, por problemas personales Flaco Pro abandonó el grupo. Ya como trío viajaron a Cuba, obtuvieron el beneplácito de Fidel Castro y hasta tocaron en un festival de Rap en el aniversario de la Revolución. Pero su centro de operaciones seguía siendo Europa, y en París grabaron lo que sería su segundo trabajo, “Emigrante” (2002). Manteniendo el estilo, aunque mucho más melódico que su antecesor, sus letras se centran esta vez en las dificultades que tienen los inmigrantes para ser aceptados en la sociedad del primer mundo (He construido con mis propias manos/ciudades, pueblos, lugares/me has colonizado/ y ahora discriminas tu mi raza). El disco tuvo mayor repercusión en América, y les valió ganar el Grammy Latino a mejor disco de Rap/Hip hop. “El kilo” (2005) es su último trabajo hasta la fecha, y mantiene cada una de las características de los anteriores, incorporando sonidos de un hip hop más urbano y muchas de sus canciones abordan las mismas temáticas, aunque abordándola ahora desde un clima más festivo.
El caso de Outlandish es más particular. Que un grupo de hip hop surja de las afueras de Copenhague resulta curioso. Pero si además ese grupo está formado por un paquistaní, un hondureño y un marroquí definitivamente parece increíble. Pero Wagas, Isam y Lenny crecieron juntos en Dinamarca, y decidieron adoptar el hip hop como punto de comunión para el despliegue, detrás de una lírica más que particular, de ritmos y melodías propias de las regiones de donde provienen. Sonidos latinos y árabes comulgan con la electrónica, el soul y el rhythm and blues conformando un mix atrapante, que encuentra en el idioma inglés su mejor forma de expresión, aunque en las voces puedan aparecer estrofas y frases en español, árabe y urdu. Han editado tres álbumes de estudio: “Outland’s oficial” (2001), “Bread & barrels of water” (2003) y “Closer than veins” (2005). El éxito del simple “Aicha” de su segundo trabajo les otorgó trascendencia en ambos lado del Atlántico y permitió darles un lugar desde donde promover su música y sus culturas. Tal es así que en medio graban el álbum “Outlandish presents…Beats, rhymes & life” en donde además de remixes de sus propios temas, incluyen originales de otros artistas ligados de una forma u otra a sus orígenes como Pablo Milanes, Mercedes Sosa, Fugees, Rachid Taha, Compay Segundo, Nusrat Fateh Ali Khan, entre otros. Pero es en el último trabajo donde comienzan a adoptar posturas políticas más definidas, y ya sea desde sus letras (Los americanos ya se dan cuenta/que los impuestos que pagan/alimentan las fuerzas que traumatizan/cada uno de los días que vivo, afirman en Look into my eyes), de la colaboración con el músico islámico Sami Yusuf, o de la grabación del himno pacifista del argentino León Gieco “Solo le pido a Dios” rebautizado “I’m only ask of God” dejan bien en claro que su mensaje no olvida la tierra de procedencia, mas allá de la distancia en el tiempo y el espacio que los separa de ella.
Pero no todos los casos de artistas emigrantes suelen tener el mismo arraigo por sus orígenes, y New York parece ser el lugar ideal para dejarse seducir por el encanto de su amplio bagaje cultural. Regina Spektor abandonó junto a su familia la Rusia natal a los 9 años, en plena Perestroika, y se estableció en el Bronx. Allí continuó con sus estudios de piano que había comenzado en Rusia, soñando con convertirse en pianista clásica. Pero con el correr del tiempo sus intereses musicales fueron modificándose sustancialmente, y terminó relacionándose con la movida Anti-folk neoyorquina de fines de siglo. Nombres como Kimya Dawson o The Strokes empezaron a formar parte de su vida. Grabó dos discos en forma casera (“11:11” en el 2001, y “Songs” en el 2002”) que le valieron la posibilidad de hacerse conocer en el ambiente y acceder finalmente en 2003 al sello Sire para editar “Soviet Kitsch”. Y el irónico nombre de ese trabajo es el único vínculo que va a poder hacerse con su tierra natal, mas allá de alguna referencia a su origen judío en la bellísima “Flowers”. El disco en todo lo que podía esperarse de ella: melodías tan bellas como desordenadas, sobre las cuales la fragilidad de su voz construye poco menos de una docena de sugerentes y sencillas historias, con la sola excepción de “Your honor”, donde calzándose el traje de Patti Smith vocifera “usted pelea por mi honor, pero yo apenas sé porqué”. “Being to hope” (2006) es su último trabajo, en donde su música adopta un sonido más variado, con arreglos pop y accesibles en algunos casos (el difundido “Fidelity” y “Hotel song”), y otros donde la búsqueda aporta nuevos elementos que hacen mucho más interesante su propuesta (“That time”, “Edit”). De todas formas la joya del álbum, es la nueva grabación de “Samson” (estaba incluida originalmente en “Songs”), y queda un lugar para mezclar los idiomas ruso e inglés en “Apres moi”.
Otro caso similar es el de Katie Melua, que abandonó Georgia (ex - URSS) cuando tenía 8 años; la profesión de cardiólogo de su padre había encontrado en Balefast un lugar donde desarrollarse. A los trece junto a su familia se había radicado en Londres y dos años más tarde había ganado un concurso de talentos de la ITV, que prometía la decoración de su cuarto y un sillón para su padre…Pero fue el productor Mike Batt el que la descubrió en la Brit School for Perfoming Arts, y quién le dio la posibilidad de grabar en su sello Dramatico Entertainment. “Call of the search” (2003) fue su primer trabajo, que incluye composiciones propias, algunas de Batt, y varios covers. Y es precisamente uno de ellos, la deliciosa interpretación de “Crawling up the hill”, el clásico de John Mayall el momento más alto del disco. Una voz suave que se desliza dulcemente sobre melodías clásicas de jazz y blues, y que supo aprovechar los oídos que el éxito de Norah Jones había dejado dispuestos para la propuesta. Pero a diferencia de la hija de de Ravi Shankar, su caudal vocal es mucho más amplio y expresivo, y la búsqueda artística mucho más exigente. Dos perlas “Faraway voice”, composición propia en homenaje a Eva Cassidy (a quién descubrió ya fallecida), y la versión de “Lilac wine” de James Shelton, que sabía interpretar con exquisitez Nina Simona, son las encargadas de cerrar el álbum. “Piece by piece” (2005) su segundo y último trabajo a la fecha posee algunas concesiones comerciales como la exitosa balada de Batt “Nine million bicycles”, pero permite mantener las esperanzas centradas en su calidad interpretativa. A la hora de sus propias composiciones, se la nota mucho más madura, y entre las incluidas en el trabajo se destacan “Spider´s web” y “I do belive in love”. A la hora de los covers, tanto la elección como la interpretación la vuelven a dejar bien parada; “On the road again”, el clásico de Canned Heat, y la sugerente versión de “Just like heaven” de The Cure son las elegidas en esta oportunidad. Con este último caso demuestra un creciente interés y acercamiento al pop, ya que son muchos los casos en la que se le pudieron escuchar cosas como “The love cats” también de The Cure (junto a Jamie Cullum en los British awards 2004), “Lucy in the sky with diamonds” de Lennon y McCartney (en la cara B del reciente single “It’s only pain”), y “Too much love will kill you” junto a Queen (en Marzo de 2005, en el concierto a beneficio de la fundación contra el SIDA de Nelson Mandela).
Obviamente la recorrida por la actualidad musical, y la suma de ejemplos podría ser tan cuantiosa como fascinante, pero lo que buscaba resumir con este puñado de ejemplos era mostrar las diferentes maneras en que los artistas expresan su arraigo, sus recuerdos, o sus distanciamientos de las tierras de origen, y de cómo influye esto en el resultado de sus expresiones musicales. Tal vez, y para terminar con una enumeración incompleta de los ejemplos que resultarían dignos de repaso, podrían destacarse los viajes de Manu Chao por Latinoamérica, la influencia que su estancia en México y Guatemala hizo con las canciones de Enrique Bunbury, o la seductora propuesta electrónica del combo Ítalo-Argentino-Neoyorquino de Brazilian Girls.
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