Y SIN EMBARGO magazine

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Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #28, me/END/you.

charlie kaufman, una mente inmaculada

La mente de Charlie Kauffman debe ser todo menos inmaculada. Llena de cajones donde guarda recuerdos y de cajones más pequeños donde guarda recuerdos aun más pequeños, quizás humillantes o indeseables. Estanterías a rebosar de películas y de libros ajados por el tiempo. Paredes donde ha ido prendiendo a largo de toda su vida pequeños recuerdos, a veces macabros a veces infantiles (y no por eso menos macabros) de todo los lugares que esa su mente ha ido recorriendo.

Se proyecta en este momento en cines la película “Olvídate de mi” o como su título en inglés más sabiamente dice “The eternal sunshine of a spotless mind” (El eterno amanecer de una mente inmaculada). Ahora quizás se entienda mejor el primer párrafo del artículo y ayude a comprender cómo es la mente de este guionista-escritor que pasando de las barreras del género (cine-literatura) se presenta como un autor novedoso, sorprendente y con una mirada que muchos escritores desearían.

Su carrera en el cine dista mucho de los mega-guionistas como David Mamet o mega escritores-para-cine como Michael Crichton. Pero su corto trayecto – cinco películas – y el lugar en el que está logrando acomodarse demuestran que fuera del mainstream hollywodense hay algunas mentes preclaras que logran detectar joyas como las que saca de los cajones de su mente este escritor.

Llegó a Los Ángeles para ser actor de comedia y se descubrió trabajando para guiones de sit-coms de series de segunda categoría que no duraban demasiado. Hasta que un día uno de los guiones de películas que Kauffman seguía escribiendo en su tiempo libre, llegó a manos de John Malcovich, una de aquellas mentes preclaras de las que hablo. La película “Being John Malcovich”, demasiado extraña para ser filmada por ninguna productora de cine fue finalmente producida por la compañía de Michael Stipe, cantante de R.E.M, dirigida por el polémico director de videoclips Spike Jonze, e interpretada por el mismo John Malcovich que cedió su propio nombre al título de la película y su persona a las manos del guionista que lo convertiría en un personaje, junto con John Cusack, Catherine Keener, y una sorprendente Cameron Diaz.

La película pronto empezó a participar en varios festivales aun antes de su estreno al público. Este sería su ópera prima para Kauffman.

Después vendrían otras películas, siempre igual de extrañas y para las grandes productoras siempre demasiado arriesgadas. Los directores que se animaron a enfrentarse a sus obras fueron en general directores de videclips (Sipke Jonze, Michael Gondry) y productoras como la de Nicholas Cage.

Al acercarse a sus películas se pueden detectar las influencias. Como en cualquier gran escritor estas no son burdas imitaciones o adaptaciones mal hechas (como suele ocurrir en Hollywood) sino sólo son los afluentes de los que se alimenta su obra.

A diferencia de muchos de los grandes guionistas, las influencias más cercanas de Kauffman son más literarias: Franz Kafka, Samuel Beckett, Stanislaw Lem, Philip K. Dick, Stephen Dixon, Shirley Jackson o Patricia Highsmith. Todos ellos dejan pequeñas huellas en la llena y caótica mente del escritor. Sus ambientes cerrados y ófricos como la oficina en el piso 7 ½ de “Being John Malcovich” en el que los empleados tienen que caminar con la cabeza inclinada para no chocarla contra el techo tiene el humor amargo de Kafka, la carrera por la propia mente del personaje encontrándose con personajes sin rostro y libros que van destiñendo sus cubiertas, o la desaparición de las fronteras y los bordes intercalándose ambientes y escenarios sin ningún sentido son regueros de las paranoias esquizoides de Dick. Las relación humanas que se dan entre dos hermanos gemelos, o una escritora y su entrevistado que poco a poco se convertirán en criminales y hasta asesinos tienen ligeros toques de la psicología de la relación entre personajes de Highsmith, y así podríamos continuar, pero viendo cómo se filtra en todas sus historias la verdadera personalidad del escritor.

La extrañeza con que mira ambientes reales y la plástica con que muestra su cine en cambio vienen más bien de sus referencias cinematográficas, Ken Loach, Tom Noonan, Todd Haynes, Mike Leigh, que influyeron en esta voz auténtica y por eso mismo extraña. Su literatura parecería la hija bastarda entre los juegos con la realidad y el tiempo de David Lynch y los personajes grotescos y temibles de los hermanos Coen. De todas maneras es imposible encontrar una forma de definir a este autor porque con cada película que realiza plantea un nuevo camino distinto al que sospechábamos, pero con profundos ramalazos, como la borra que dejaron sus otras películas en el fondo de la taza, que van inundando poco a poco toda la obra del autor.

Temas como el del fracaso y el éxito, la humillación, los juegos con lo real y lo ficticio (en muchas de sus películas intervienen personajes con el nombre y las actitudes de las personas reales) y el meta-cine y meta-literatura plasman la figura central del autor. La figura esperpéntica del escritor y de sus personajes que son pequeños hombrecitos hechos a su imagen, o al menos con porciones de él mismo, pululan en un mundo donde cualquier cosa es posible – desde el pasaje a la mente de un actor de cine hasta la posibilidad de enseñarles a comer con cubiertos a los ratones – intentando comprender el sentido de la trama y al mismo tiempo entender un poco más el sentido de la vida.

Si William Shakespeare es considerado uno de los más grandes literatos a pesar de ser un dramaturgo, y los constantes intentos proponer a Bob Dylan para los premio Nobel de Literatura, demuestran que no es tanto el libro y la biblioteca los que dan categoría de escritor, sino más bien una obra coherente, compleja y atractiva. Si así fuera, Charlie Kaufman podría sentarse junto a los grandes fundadores de nuevas generaciones, junto a la generación perdida y la generación Bit, junto al Realismo Mágico y a la ciencia ficción, y junto a los nombres que marcaron nuevas líneas para la literatura en general al proponer una manera distinta de contar la vida.

Las películas de Charlie Kaufman

Eternal Sunshine of the Spotless Mind: Es la historia de Joel Barish que después de una relación de dos años con Clementine Kruczynski descubre que ella se ha hecho borrar todos los recuerdos que conservaba de él. Es así que decide acudir a la misma empresa para borrarla a ella. En el transcurso de la operación descubre que no desea olvidarla y empieza a esconder retazos de memoria en los recuerdos más antiguos para ver si hay suerte y puede conservar un recuerdo o un encuentro último con ella.

Confessions of a Dangerous Mind: basada en la autobiografía no autorizada de Chuck Barris, productor exitoso de televisión y asesino de la CIA, cuenta la historia de cómo este hombre llenaba las ondas de la televisión de los primeros programas basura a un tiempo que eliminaba a los principales enemigos de la agencia de seguridad americana. (es la película más ajena a Kauffman por la influencia de posteriores reescrituras del guión).

Adaptation, El ladrón de orquídeas: Es la historia del intento del personaje Charlie Kauffman de guionizar el libro de la periodista Susan Orleáns y los problemas que tiene al enfrentarse con este trabajo. Sus principales inseguridades, defectos y fallas salen a flor de piel. Una crítica personal, al mismo tiempo que ataca al cine mainstream y a todo aquel que se ponga en su camino.

Human Nature: La triple historia contada por Lila Jute, escritora de éxito con instinto (y pelos) animales, Nathan Bronfman el estudioso del comportamiento animal que decide enseñarle buenos modales a un hombre criado como bestia: Puff, y este último que demuestra lo que todos sabíamos: que al ser humano lo único que lo mueve es el sexo.

Being John Malkovich: La idea inicla de Malcovich para la historia tiene los visos de una novela clásica: “Un hombre se enamora de alguien que no es su mujer”. Finalmente evolucionó incluyendo elementos extraños y miradas más profundas a la mente del autor: Un pasaje que lleva hasta la mente de John Malkovich. Craig Schwartz un titiritero, su esposa, Lotte Schwartz amante de los animales (menos de su esposo) y Maxine Lund, una arpía, egoísta y maniática, experimentan con este pasaje y con el mismo John Malkovich que tendrá que recorrer el camino de su mente, sus humillaciones y fracasos para intentar recuperarse a si mismo.
(Por Miguel Esquirol Ríos. Vía El Forastero)

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