picasso, renaissance
Debe haber sido hace dos o tres años. La memoria no es mi fuerte. En una de esas emisiones que uno mira demasiado tarde esperando que el sueño venza. Creo que la chica había sido la peluquera personal de Nancy Reagan o de alguna Bush, poco importa.
Lo cierto es que me la encontré al día siguiente en el “Musée Picasso”, tercer “arrondissement” de París.
Pero no es tanto esto lo interesante, sino el hecho de que hayamos empezado a hablar espontáneamente de la notable ausencia de firmas en los cuadros expuestos. Ella me preguntó a qué se debía. Le contesté, que no me atrevería a afirmarlo, pero que entreveía dos posibilidades.
La primera era que una firma, aún siendo la muy gráfica de Picasso himself, podría haber desequilibrado las pinturas.
La segunda tenía que ver con que su estilo era tan característico que no necesitaba firmar sus obras para que fueran reconocidas como suyas.
La tercera, que no le dije, era que seguramente estaban firmadas al dorso, porque el amigo Pablo de desinteresado tenía poco. Basta con pensar que fue él quien encontró el anagrama de Salvador Dalí (Avida dollars).
Había que pensarlo…
Más allá de esto, me quedé meditando acerca de épocas en las que los grandes artistas no eran considerados con mayor respeto que los buenos artesanos. Creo que el Renacimiento arrasó definitivamente con aquella humildad y su consecuente anonimato.
Como si en una isla desierta importase más el cubismo que un buen par de zapatos.
(Texto de Tomás Gubitsch para YSE #13)
Popularity: 2% [?]
////Quizás te interese:


















Comentarios, respuestas o pings
Responder a “picasso, renaissance”