hay un restaurante, renaissance
Hay un restaurante en una conocida calle madrileña que se llama Renacimiento. En la entrada hay una reproducción en miniatura del David de Miguel Ángel al que adornan en Navidad con una corona de espumillon y dos calcetines rojos y blancos (que pegan con vecro porque no pueden separar la estatua de la base). En las paredes de la sala hay sólo dos cuadros que aciertan con la época: El Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci y un retrato de Miguel de Cervantes que, si uno se acerca a diez centímetros, verá que es una fotocopia en color de un libro de arte, con su número de página y todo. Salvo el maitre que es de esos españoles de oficio que sonríen al cliente y amenazan de muerte a los camareros, ningún trabajador ha nacido a este lado del Atlántico y ninguno tiene más de 30 años. Supongo que 1 de cada 10 sabrá decirme al menos de dónde viene el nombre del sitio donde trabaja. Casi el mismo porcentaje que si preguntáramos a la clientela. La cocina es grande, tiene televisión de plasma donde ahora mismo aparecen los hijos de una conocida vedette contando sus últimas conquistas amorosas y ni tan siquiera se habla castellano dentro de ella: sólo tailandés. Los de dentro y los de fuera se comunican por papeles con números, que corresponden a los platos y a las mesas donde van esos platos.
Ya no se respeta nada. Ni tan siquiera los nombres de épocas que, seguro, fueron mejores.
(Texto de Pepo M.-The Secret Society para YSE #13)
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