Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #28, me/END/you.

broken social scene, renaissance

Desde la primera impresión el nombre Broken Social Scene me remitió a la palabra anarquía. Pero no por la connotación rebelde de la palabra, sino por una significación más relacionada con el desorden creativo, la amplitud de criterios, la constante movilidad y la ausencia de resignación conformista. Lo cierto es que el proyecto encabezado por el ex-KC Accidental Kevin Drew y el dj Brendan Canning se constituyó en la más particular, inquieta e interesante propuesta del indie canadiense, trascendiendo las fronteras de ese país y recibiendo elogios en cuanto ámbito se lo haya escuchado.
La particularidad principal de BSS es el modelo colectivo de la banda, que suma integrantes y colaboradores de manera incesante, tanto en sus grabaciones como en las presentaciones en vivo, otorgándole una vitalidad y un carácter impredecible al grupo que lo coloca en un lugar de experimentación permanente en lo artístico y vanguardista en lo funcional. Resulta muy difícil encontrar influencias claras en su música, o mejor dicho, las vertientes que influencian la música de Broken Social Scene son tan diversas que se podrían nombrar cientos de referencias musicales sin temor a caer en el error. Tal vez el noise pop de Yo la Tengo, o los rastros psicodélicos de Spiritualized, por citar una referencia de cada lado del Atlántico, podrían servir como orientadores, pero con certeza ninguno de ellos funcionará si se le quiere otorgar el carácter de influencia directa sobre BSS.
Sus tres trabajos hasta la fecha son abordados desde premisas bien diferentes con estilos disímiles entre sí, y conceptos de sonido alejados de lo convencional. “Feel good lost” (2001), su debut discográfico, es un compilado de texturas sonoras, donde las cuerdas, las guitarras, el piano y los vientos se acoplan a una base electrónica ambiental, que con gran sutileza y sin excesos expresivos, provocan intensa calma y relajación. El disco es casi íntegramente instrumental, la voz de Leslie Feist aparece simplemente en pasajes como un complemento sonoro más. Sin altibajos, con algunos momentos deslumbrantes (el violín de Jessica Moss en “Mossbraker” o el coqueteo jazzero de “Cranley’s gonna make it”), el primer trabajo de BSS resulta una asombrosa muestra de solidez para una banda debutante.
“Capture the flag”, la apertura de “You forgot it in people” (2002) es un premeditado engaño. Apenas comienza el segundo tema del álbum, desaparecen por completo todos los rastros ambient, las guitarras cobran una crujiente notoriedad, y el concepto BSS cambia por completo entregando una perfecta combinación expresiva, distorsionada y compleja que en picos creativos como “Almost crimes” permiten que convivan sin esfuerzo The Strokes, Jeff Buckley y Stephen Malkmus. A esta altura la banda otorga el carácter de miembro permanente a gente como Andrew Whitem, Evan Cranley, Charles Spearin, entre otros y a la voz de Leslie Feist se suma la de Emily Haines. La constelación sonora de BSS sigue incorporando ritmos (bossa nova en “Looks just like the sun”), la percusión se vuelve impredecible, y los climas hipnóticos y los pasajes sónicos coexisten con momentos de ilimitada experimentación (“Late nineties bedroom rock for the missionaries” y “Shampoo suicide”).
El tercer trabajo fue editado en 2005, y lleva por título el nombre de la banda. Y esta vez, si bien la suma de la voz de Amy Millan le otorga soplos de gran frescura, el álbum transcurre entre pasajes sonoros experimentales caóticos, oscuros, reflexivos, y siempre sugerentes y seductores. La presencia de canciones como “Fire eye’d boy” o “Swimmers” que bien podrían ubicarse entre los estándares del rock alternativo, pueden suscitar una errónea idea de aggiornamiento, pero la compleja dinámica de BSS no se detiene en ningún momento y presenta explosiones sonoras como “Hotel” y “It’s all gonna break” que recorren climas que van desde lo melancólico a lo épico sin desestimar matices de ningún tipo. En este contexto se destaca “Windsurfing nation” con el notable aporte del rapero de Toronto K-O’s.
Como todo proyecto masivo, BSS ha servido de disparador para diferentes propuestas al margen de la formación de la banda, de las cuales probablemente la carrera de Feist sea la más conocida; pero no está demás citar como altamente recomendables el álbum de Amy Millan “Money from the tombs” (2004) y el grupo Valley of the Giants, con Brendan Canning a la cabeza, y que editó el homónimo CD en 2004. Bien vale recorrer también estos trabajos, mientras se espera la salida de “Spirit if”, el cuarto álbum de BSS que se anuncia para mediados de Septiembre.

(Texto de Hernán Dardes para YSE#13)

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