hernán dardes: drexler, cara b, du-champ-i-ssue
Con “Cara B” Jorge Drexler utiliza el nombre que bien podría haber sido el de un compilado comercial fruto de una necesidad de la discográfica, o el de un muestreo de sobras como forma de decir presente en ocasión de un bloqueo creativo, para entregar algunas de sus mejores canciones y sus más bellas poesías en interpretaciones austeras e intensas en las que parece querer regalarnos su corazón mismo. Drexler se abraza a su guitarra y en un clima de engañoso despojo, y que en verdad está repleto de sutileza e inspiración, nos ofrece todo su talento en poco menos de dos horas en las que nos deja con la sensación de haberlo tenido cantando al lado nuestro.
La ficha técnica podrá hablar sobre un resumen de siete conciertos a fines de 2007 en Cataluña, pero la verdad será que lo que está contenido en este álbum es la prueba más contundente de cómo un artista es capaz de apropiarse en un hechizo con forma de canción del alma de sus oyentes una a una, y como ese encantamiento puede ser captado por una grabadora y difundido a miles y miles de espíritus que se rendirán inevitablemente sumisos a esa misma magia. Basta para explicar esta sensación escuchar las exquisitas versiones de “Zamba del olvido”, “Un país con el nombre de un río”, la cadencia de bossa nova en “Horas”, la enumeración a lo Leo Mashliah de “Guitarra y vos”, las contagiosas “Polvo de estrellas” y “Todo se transforma” (lo más parecido a un hit que se pueda encontrar en su repertorio), o esa súplica confesional, conmovedora y hermosa que es “Soledad”.
Y en esa voracidad de almas, Drexler nos entrega una segunda cara, la cara C, en donde además se apropia del arte de otros maestros y lo convierte en el suyo propio. Ya no importa si es Zitarrosa, Caetano o Antunes, si el que invita a bailar hasta el fin del amor es un monje canadiense o un médico montevideano, porque lo único que uno puede hacer es dejarse llevar por la música y bailar hasta el fin de ese amor con la convicción que en esa dimensión no hay manera que termine nunca. Y en ese trayecto que en su ambición de amplitud recorre los idiomas italiano, portugués, inglés y catalán, se incorporan y disparan ritmos programados, ruidos de serrucho, y varios de los sonidos captados por micrófonos días antes del concierto, como campanas, trenes y aviones. Entonces, y ya como última conquista, Drexler rompe la barrera entre el escenario y el público, entre el teatro y el afuera, se adueña de la ciudad, de sus ruidos y sus silencios.
“Cara B” de Jorge Drexler es un disco del que hay que hay que apropiarse, empaparse, sumergirse; es el ambiente perfecto para acompañar con una copa del mejor vino y en ocasión del trance sublime y encantador en que se transforma la soledad cuando tiene tanto de regodeo egoísta y tan poco de ausencia.
(Por Hernán Dardes para Y SIN EMBARGO magazine #16)
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Una opinión, respuestas o pings
RV
100% cierto! // Accuracy > 100%!
~
Gran Crónica // Great Article
28 Jun, 2008
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