los sueños de paul weller
Después de la impronta roquera en “As is now” (2005) y su correlato en vivo de 2006 “(Cath flame”), Paul Weller se mete de lleno, y por primera vez, en un proyecto de álbum doble en estudio y que funciona como un perfecto resumen de su extensa y variada trayectoria. A los cincuenta años, el cantante británico reafirma su madurez en 21 canciones que andan y desandan con coherencia los distintos caminos tomados a lo largo de su recorrido musical y entregan un trabajo que a pesar de su duración y diversidad, no pierde cohesión en ningún momento, y al cual algunos picos creativos terminan por colocarlo a la altura de los mejores discos de su carrera.
Conocida es la capacidad de Paul Weller para adentrarse en el soul sin perder su esencia blanca y entregarle a las canciones esa cadencia tan especial que sigue siendo su más característico sello. En “22 dreams” pasajes como “Cold moments” y “Empty ring” (casi un tributo a Curtis Mayfield) no hacen más que confirmarlo. Pero además por momentos, y tal vez como nunca antes en su etapa solista, se acerca a ese abordaje tan sutil del jazz que supo ser el principal aditamento de Style Council, cuyo mejor ejemplo es “Black river”; sin duda uno de los puntos más altos del álbum y que incluye al ex-Blur, Graham Coxon en guitarra. Y es que precisamente otra de las etapas de Weller, su trabajo en The Jam, le ha dejado en el brit pop una interminable grey de admiradores que no dudan a la hora de sumarse a colaborar. Así es que además aparecen los nombres de Aziz Ibrahim (Stone Roses) recitando en “God”, y de Noel Gallager y Gem Archer (Oasis) sumándose a lo que es el primer corte de “22 dreams”: “Echoes run the sun”, cuyo dejo psicodélico le entrega una faceta sonora distinta y original. La lista de colaboradores incluye también a Robert Wyatt en “Song for Alice”, un logrado homenaje instrumental a la pianista Alice Coltrane, fallecida en los primeros días de 2007. Aparece algún roce con el bolero latino en la extraordinaria “One bright star”, y la amplia paleta de estilos se completa con etéreos experimentos electrónicos (“Night light”, “111”), alguna balada a lo Tom Waits (“Where’er ye go”, impecable), temas como “Push it along” y “A dream reprise” (donde los vientos entregan una potencia increíble) que parecen salidos de “As is now”, y pasajes folk, entre los cuales se puede citar a “Why walk when you can run?”, el mejor momento del disco y con futuro de clásico.
Como es su costumbre, Paul Weller comparte la producción del disco, y esta vez su lugarteniente es nuevamente el DJ Simon Dine, el mismo con quien delineara el extraordinario “Ilumination” (2002). Juntos consiguen delinear este gran disco, que en su carácter ecléctico encuentra su porción más ambiciosa, y que confirma que los sueños musicales de Paul Weller no solo están muy lejos de agotarse, sino que además se encuentran en uno de sus momentos más inspirados.
(Por Hernán Dardes para Y SIN EMBARGO magazine)
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Una opinión, respuestas o pings
fp
Definitivamente: ¡un excelente disco!
22 Jul, 2008
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