los tiempos de kim ki-duk
¿De cuántas formas usamos y medimos al tiempo? ¿Cuántas maneras tenemos de organizarlo en función de nuestra vida? ¿Cuán inconciente y diaria es está práctica? ¿Cuántas actividades cotidianas están implicadas en la precisión horaria? Estas preguntas han funcionado como disparadores a la hora de cuestionarme sobre el tiempo y las diferentes formas en que éste puede ser percibido, usado o construido.
En estas reflexiones me hallaba cuando fui encontrándome con algunas de las películas del cineasta nacido en Corea del Sur, Kim Ki-duk. En particular con tres de ellas, Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (2003); El Arco (2005) y El Tiempo (2006), en las tres películas cumple con los roles de director y guionista. El punto en común en estas historias es la forma que él ha encontrado con respecto al uso del tiempo que hacen sus personajes. Su simple transcurrir o dándole cuerpo, apariencia sólida, bisagra central que articula los eventos narrados.
En la primera película, Primavera …, la historia transcurre en un templo que se encuentra en medio de un lago, aislado de la sociedad, unido al mundo por el uso de un bote. Con éste los protagonistas, dos monjes, se relacionan con el mundo material para acceder a los elementos necesarios para su vida. El frío invierno congela al lago permitiendo que el acceso sea a pie y que algunos personajes puedan llegar al templo sin ser notados.
En el caso de El Arco un hombre que cuida a una niña, con la perspectiva de hacerla su esposa cuando ella llegue a la edad adecuada. En este caso el relato transcurre en un barco anclado en medio del mar. Una lancha une al solitario barco con el puerto donde se abastecen y lugar de embarque de otras personas aficionadas a la pesca y que a cambio de un pago llegan a la embarcación para practicar la actividad alterando, de esta manera, los ritmos que allí se suceden.
En El Tiempo el conflicto se desata en el seno de una pareja donde la protagonista ya no se siente amada. Ella cree que el paso del tiempo y las rutinas establecidas en su relación han provocado un sentimiento de tedio en su novio.
Desde estos usos del tiempo Kim Ki-duk construye sus maravillosos relatos, donde, sin ser el eje de la narrativa, el tiempo se yergue en el protagonista de la historia. Ya sea a través del paso de las estaciones en la película homónima, donde enmarca la historia de esos dos monjes y sus vivencias o ese frenesí con que el protagonista de El Arco arranca las hojas del calendario creyendo que de esta forma, puede hacer que el tiempo transcurra más rápido hasta casi pensar que puede controlarlo.
Desde esta idea de poder y control del tiempo, arranca su último largometraje El Tiempo. El duelo se desata entre la estética, el paso de los años y los deterioros provocados por estos, a través del convencimiento de poder detener y manipular al tiempo. La permanente invocación del pasado, revestido no sólo en juventud sino también en aquello que es nuevo como proposición de lo deseable y como expresión de lo que se anhela como una vida mejor.
En todas estas películas Kim Ki-duk hace un manejo del relato que esta íntimamente ligado al tiempo, a sus propias percepciones, ninguna tan sujetiva como la de la temporalidad. El paso inmutable de las estaciones, el día y la noche, cambios imperceptibles pero continuos, familiares, no sorprenden, nada tienen de excepcionales, no son los protagonistas en la creación de la historia o el mito, tan sólo son eventos invisibles, recurrentes y minúsculos.
Sin embargo, desde la regularidad del calendario o de la estacionalidad muestra cuan realista es su relato. Hace que sus protagonistas se embarquen en hechos que pueden ser considerados reales, nos aparta de la imaginación. Nos ubica como espectadores en tiempos cronológicos reales, en el tiempo de la propia experiencia.
Un hombre que aguarda el cumpleaños número quince de su pequeña amada para transformarla en su esposa. La cuenta constante, los deseos reflejados en la equis que se dibuja cada día en la hoja del calendario, las perspectivas que se construyen sobre el futuro que se añora pero que irremediablemente esta atado a ese presente de espera constante. El cambio de las estaciones que marcan los ritos que se llevan adelante en el templo, la espera constante de que algo suceda. La manipulación del propio cuerpo en busca del cambio para que todo sea como antes.
Sin lugar a dudas Kim Ki-duk ha conseguido a través de la imagen y de la sonoridad de sus películas, el eco del agua del deshielo que corre anunciando la llegada de la primavera, las notas musicales del arco ejecutado por el viejo en el barco, o la recurrencia de lugares donde los protagonistas han compartido momentos y que son elegidos nuevamente para que la historia plasme un ciclo de repeticiones, de momentos conocidos y añorados, por ese pasado que es parte del presente deseado.
En forma consciente o no Kim Ki-duk materializa al tiempo en cada una de sus películas, volviendo visible aquello que en general se mantiene en el plano invisible o que necesitan del uso de subtítulos que aclaren al espectador donde situarse. Anotaciones como las que hacemos todos los días para recordar nuestros propios ritmos, aquellos que deseamos y aquellos de los que no podemos escapar, eso que haríamos si hubiese un par de días más, una hora, un instante más, congelado en el recuerdo como una foto olvidada en un cajón .
(Por Paula Palombo para Y SIN EMBARGO magazine)
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7 pareceres, respuestas o pings
Nicolas
Me encanto!
felicitaciones pau, te quiero mucho.
15 Ago, 2008
Nicolas
igual yo como soy privilegiado lo leí antes que nadie :p
15 Ago, 2008
Lucía
No tengo la suerte de conocer aún a este cineasta, me parece interesante.Lo agregaré a mi lista de pelis “para mirar”.
Por otro lado el tema del tiempo es tratado en incontables películas y muchas de notable valor. Lógicamente, relatado o reflejado de las más variadas formas. Es claro que siempre el cine nos está contando cosas que transcurren en un hilo temporal.
Personalmente siempre me agradaron esos relatos que comienzan por el fin y luego se desarrollan en el tiempo ya acontecido.
Relatos en relación al tiempo: desde la idea fantástica e infantil de Volver al Futuro de Spilberg, como así también la adaptación de” El amor en los tiempos del Cólera” del Gabo. En el segundo caso, nada más cruel que el paso del tiempo para los humanos, no?.
Y como escuchaba anoche, frescamente, del concierto en vivo de Pablo Milanés en Tarragona: el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…
20 Ago, 2008
Paula
No hay duda que todo script se inserta en una matriz espacio-temporal, sin embargo, son pocos los cineastas que han conseguido materializarlo y esa es la magia de Kim Ki-duk. El hilo temporal en líneas generales, solo marcan los eventos que se encadenan pero no hay ni un protagonismo manifiesto ni esa percepción material de algo tan etereo como es el tiempo. “Memento” es otra película cuya narrativa materializa al tiempo, a través de los tatuajes que el protagonista hace en su propia piel para conservar su memoria, otra variable netamente temporal.
La visión del señor Milanés me resulta un tanto sesgada e impregnada de la mirada occidental del tiempo, donde se lo experimenta como un transcurrir lineal. Esa mirada deja afuera la posibilidad de la reencarnación, la idea de retorno o como diría un oriental, nos vamos poniendo más sabios, o más tontos, cada uno elige, no?
20 Ago, 2008
hernan
El tiempo pasa nos vamos poniendo tecnos….
LUCA PRODAN
21 Ago, 2008
Adriana
Creo que tenes un estilo de escritura interesante.Estaremos ante una nueva columnista celebre?Espero ver mas producciones de esta escritora.
25 Ago, 2008
Responder a “los tiempos de kim ki-duk”