cicatrices invisibles: el desgaste incansable de la contradicción nipona
Por © Ana Soler.
El proyecto “Cicatrices invisibles: heridas dormidas de la memoria”, plantea un recorrido en torno al dolor representado donde se confronta lo visible y lo invisible.
Tomando como punto de partida la comparación entre la representación de los mapas del “cuerpo” en Oriente y Occidente (esquemas representacionales opuestos: espiritual y material), el proyecto se sitúa en un marco de contemporaneidad y reflexiona a través de la unión de contrarios sobre la transmisión de semejanzas inversas en lo social y en lo personal. Golpes, cortes y heridas que no se ven pero se tocan, se dibujan, se graban. Mapas e imágenes para “ciegos” y constelaciones inmateriales de una sociedad, de una cultura paradigmática.
Se establece un diálogo entre los opuestos, tomando como referente y arquetipo el desgaste incansable de la contradicción nipona, al mismo tiempo que la propia convivencia de los mismos, reflejados en la cultura y sociedad Japonesa. Analiza un complejo sistema de relaciones entre la forma y la antiforma. Un trazo de desaparición: algo que queda en nuestra memoria, en el tiempo, que estuvo presente y que, aunque habiéndose ido, no ha desaparecido. Deja su marca, su huella grabada en nuestra propia materia: heridas que estuvieron abiertas y que hoy son cicatrices.
La presencia de una ausencia, la ausencia de una presencia.
Japón es un país de grandes contrastes y contradicciones, donde conviven y a la vez se enfrentan, conformándose, los opuestos: lo antiguo y lo nuevo, la alta tecnología y la artesanalidad más tradicional, el capitalismo más feroz y un gran sentido social, el ritmo vertiginoso y la pausa, lo más delicado y lo más brutal. Los dos se construyen mediante el contacto a base de herir el uno al otro. Evolucionan gracias a marcas más o menos invisibles y dolorosas que se asestan mutuamente.
Así, esta reflexión, requiere pararse en aquello que no se ve a simple vista, aquello que pasa desapercibido, aquello que, aún presente, se puede mirar desde otro punto de vista para buscar otra dimensión de la apariencia. Japón está lleno de pequeños detalles susurrantes que te invitan mirar detrás de lo evidente, y te llevan a interesarte más profundamente por el origen de su cultura, de su orden social, de su gusto, de su lengua…, para entender lo que allí pasa.
Sin embargo, este viaje hacia los matices de la memoria y la huella presente, hace que descubramos, cicatrices, heridas, y sobre todo un mundo de contradicciones que reflejan una realidad inquietante. Un amigo artista japonés exiliado en EE.UU. comenta sobre su tierra natal que “Japón es un país que se rodea de cosas muy bellas para ocultar otras muy feas”. De este modo tomamos como pretexto este país para realizar un viaje interior hacia nuestras propias cicatrices ocultas y contradicciones,
cicatrices intangibles para los demás. Así, la exposición puede ser entendida como un viaje que posee tres sentidos: es un viaje a Japón, es un viaje a nuestro interior y podría ser un viaje a cualquier parte del mundo donde se perciban estas cicatrices.
Cicatrices que se esconden y que cierran el ciclo de la huella para hablar de un dolor invisible que sólo la propia cicatriz sabe que existe. El dolor-matriz termina pero persiste su recuerdo y nunca se borra su grabado, su incisión, su impronta.
Pensar acerca del dolor es sumergirse en la significación de los sucesos, sentimientos y sensaciones que a menudo lamentamos. El “Dolor”, con mayúsculas, tiene que ver con la muerte, con algo que se va, que desaparece y suele preceder a su llegada. Hay un dolor de lo extremo, de las situaciones dramáticas e irreversibles, del fin de la vida, que en un momento invade la realidad y trastoca su sentido. Es arrebatador e ilimitado y se concentra alrededor de un acto, de un acontecimiento. Termina, a pesar de la persistencia de su huella.
Pero existe otro dolor. Es minucioso y constante que se diluye entre las oquedades que separan unos segundos de otros. Es un dolor continuo que simplemente aparece para recordarnos que existe y consigue que no lo olvidemos nunca. Es la suma del dolor de cada poro de la piel pinchado desde dentro. Gota a gota, punto a punto va dibujando a través de pequeñas huellas en nuestra memoria, un nuevo mapa de nuestro cuerpo exterior y una constelación extraña e indescifrable de cicatrices
psíquicas en un no cuerpo.
El dolor extremo y el dolor minucioso actúan en silencio. El primero deja lugar para el grito, el segundo, provoca a la memoria en el presente. Bataille nos dice que los dolores más profundos son los que no se manifiestan con gritos.
En una primera mirada de aproximación a este maravilloso país, el extranjero occidental queda extasiado como un niño con un cuento nuevo lleno de ilustraciones de una estética sin parangón y miles de detalles sorprendentes. No sabe leer y se construye su realidad a través de esas imágenes. Sin embargo, cuando empieza a conocer la lengua (esos cuatro alfabetos diferentes: hiragana, katakana, furigana y kanjis) y a mirar con más detenimiento y tiempo esa escena, descubre una realidad mucho más compleja y no tan de cuentos. La una te lleva a la otra y viceversa.
Esa reversibilidad que nos concede el ciclo de la huella nos permite dibujar nuestro propio mapa de cicatrices. De este modo, el ejercicio geográfico-mental es paradójicamente un mapa que no se ve, “invisible”, una constelación de millones de puntos o heridas que sólo puede dibujar cada individuo/sociedad mirándose hacia dentro. Las cicatrices aparecen como referencias de un universo oculto, privado, y a veces ambiguo de dolor, enfermedad, crisis, miedos, conflictos…, y, evidentemente, al mismo tiempo constatan sus opuestos. Podríamos afirmar que existe en todos
nosotros nuestro “mapa positivo” y su “negativo”. El “uno” conforma al “otro”.
En la sociedad contemporánea, donde todo se exhibe, se muestra sin ningún pudor, en la era de las imágenes donde casi sólo hay fachadas, gritos de publicidad y mucho marketing, es interesante centrarnos en aquellos pequeños detalles que no se ven, que es lo que, desde nuestro punto de vista, construye a cada individuo o sociedad.
Aquello que lo conforma, que lo va dibujando cual cartógrafo desde el interior: un mapa de relaciones extrañas.
El forro del guante es menos visible pero es la parte del guante que está siempre en contacto directo con la piel, con la carne, con el ser humano.
Cicatriz, dolor, huella, contradicción, memoria,… Así, en la muestra podemos encontrar varias constantes conceptuales y formales, que se van repitiendo como encadenamientos transversales a lo largo de las diferentes obras.
A nivel formal, lo singular y lo plural se escenifica a través de la acumulación de pequeños elementos que conforman un todo más complejo y dibujos en tres dimensiones, blandos o invisibles, letanías de pequeños objetos que nos dan, por una parte, la visión de ese universo de miles de elementos (habitantes, realidades masificadas, microchips, etc.) que es Japón hacia afuera, y por otro lado, esos miles de detalles susurrantes ocultos que hablan de gestos, miradas, silencios, sutilezas,
sombras, ironías, haikús… Esto nos lleva a la maravillosa contradicción de lo vacío y lo lleno tan presente en esta sociedad y cultura, lo zen enfrentado a esa populosidad del metro de Tokio.
Derivado de lo anterior, otra constante formal de esta serie de piezas expuestas, es lo visible y lo invisible. Las piezas muestran y ocultan facetas que requieren acercarse y alejarse para ser observadas y tener una visión global del las mismas.
Todas ellas índices del desgaste incasable de la contradicción nipona:
animado/inanimado, muerte/vida, antiguo/nuevo, masculino/femenino, soledad/multitud, capitalismo/socialismo, natural/artificial, persona/personaje, interior/exterior, ciudad/isla, tradicional/tecnología, múltiple/único, espiritual/material, templo/oficina, vacío/lleno, ciudad/rural, visible/invisible, palabra/imagen, moral/pornografía, simplicidad/complejidad, contención/espontaneidad, lo pequeño/lo majestuoso, cuerpo/mente, público/privado…
(Descargar PDF completo, vía Centro Huarte)
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Una opinión, respuestas o pings
RV
Muy interesante artículo.
Interesante también
la propuesta del Centro Huarte.
18 Sep, 2008
Responder a “cicatrices invisibles: el desgaste incansable de la contradicción nipona”