la aceptación de lo simple, alejandra pater: yse #21
La aceptación de lo simple: La palabra y su vehículo
…”no importa tanto a qué juguemos, ni dónde, ni cuándo. No importa siquiera tanto el juego en sí mismo, si pudiéramos pensar que tal cosa existe. Importa simplemente, el hecho de jugar. Aunque de él solo tengamos la experiencia. ¿Porqué aferrarnos al objeto?” Donald Winnicott
Cuando hablamos de “palabra” podemos referirnos tanto a la palabra hablada, escuchada, leída o escrita. Y esto puede desarrollarse sobre diferentes soportes. Del mismo modo, cuando hablamos de “libro” podemos pensar también en el libro objeto, en el libro leído, o en el libro escrito. Ambos conceptos representan lo mismo, aunque lo presentan a nuestro pensamiento modificado según su uso.
Pero el libro lleva en sí el compromiso de ser escrito para ser leído. Sin lector, el libro pierde su sentido esencial.
En El Aleph, Borges nos relata acerca de un lugar, adonde estarían todos los lugares del mundo vistos desde todos los ángulos. Sin embargo, nos sorprende saber que el diámetro del Aleph sería de tan solo dos o tres centímetros, aunque la totalidad del espacio cósmico estuviera contenido allí en su tamaño original. Y es que quizás, el Aleph de la calle Garay era simplemente una computadora con conexión a Internet y una biblioteca virtual.
Dirá Bachelard: “es tan inútil medir lo que no es necesario como no medir aquello que hace falta”.
Que los objetos tienen sustancia es algo indiscutido.
Pero ¿Qué materia tienen las palabras? ¿De qué están hechos los pensamientos? ¿Y las ideas? ¿Los cuentos? ¿Las teorías? ¿La historia? ¿Cuánto pesa una letra?
Nadie discute la idea de sustancia. Los objetos “tienen” sustancia, y ello es un paradigma de conocimiento de innecesaria constatación y sencilla aceptación. Pero si pensamos en “el libro” como objeto portador de textos pierde todo sentido, ya, la valorización de su formato tradicional frente al alcance y potencial de difusión que representa el mismo bajo el formato digitalizado. Aunque ambos puedan coexistir definitivamente, es natural pensar que el libro como objeto solo tendrá en el futuro un lugar memorable de evocación histórica.
Para Bachelard , los progresos en las ciencias se dan a la manera de saltos. Saltando el “obstáculo” (el conocimiento previo que da forma al paradigma de cierto momento histórico) que se interpone frente al avance hacia un nuevo conocimiento.
Se conoce en oposición a conocimientos anteriores. Es solo esa la actitud que permite al investigador científico encontrarse con resultados verdaderamente sorprendentes e inesperados. Pero, dado que los obstáculos se presentan por pares de opuestos (bipolaridad) la tendencia natural es, por intentar saltear un obstáculo, caer en la fascinación de su opuesto. Oponernos a una idea frente a la fascinación por la otra solo nos coloca en una situación dependiente y pasiva respecto a lo rechazado.
Un círculo vicioso es un círculo sin salida. La única forma de escapar de él parece ser, no ya la lógica, sino el cambio de paradigma. El salto a una modalidad de pensamiento creativa, abriéndonos paso, escapando de dicotomías.
¿Quién nos dice que lo digital será lo último? ¿Y cuánto nos costará aceptar lo nuevo?
Sería bastante simple entenderlo si la simplicidad no fuera una de las cosas más complejas.
# # #
The acceptation of the simple: the word and its vehicle.
…”what we play, or where, or when doesn’t matter that much. Not even the game itself, if we could think that such thing exists. Only the fact of playing matters. Although we only have the experience of it. Why sticking to the object?” Donald Winnicott
When we talk about “word” we can refer both to the spoken, heard, read or written word. And this can develop on different media. Similarly, when we talk about “book” we can also think of the object book, the read book or the written book. Both concepts represent the same, although they present it to our thought modified according to its use.
But the book carries within the compromise of being written to be read. Without a reader, the book loses its essential meaning.
In The Aleph, Borges tells us about a place that would hold every place in the world, seen from every angle. However, we are surprised to know that the diameter of the Aleph would be only two or three centimeters, although the whole of the cosmic space was contained there in its original size. Maybe, the Aleph of Garay Street was simply a computer with Internet connection and a virtual library.
Bachelard will say: “it is as pointless to measure the unnecessary as it is to not measure the necessary”.
That objects have substance is undisputed.
But what matter do words have? What are thoughts made of? What about ideas? Tales? Theories? History? How much does a letter weigh?
Nobody discusses the idea of substance. Objects “have” substance, and that is a paradigm of knowledge of unnecessary ascertainment and easy acceptation. But if we think of “the book” as text-carrying object, the valorization of its traditional format over the reach and diffusion potential represented by its digitalized format loses all meaning. Although both of them can coexist permanently, it is natural to think as the book as an object will only have a memorable place of historical evocation in the future.
For Bachelard, progressions in sciences occur as leaps. Skipping the “obstacle” (the previous knowledge that shapes the paradigm in a certain historical moment) that stands in the way of advance towards a new knowledge. Knowledge is opposed to former knowledge. Only that attitude allows the scientific researcher to find really surprising and unexpected results. But, since obstacles come as opposing pairs (bipolarity) the natural tendency is, by trying to skip an obstacle, to fall into the fascination of its opposite. Opposing one idea against the fascination for the other will only put us in a dependent and passive situation towards the rejected.
Who says the digital will be the last? And what will it take to accept the new?
It would be quite simple to understand if simplicity was not one of the most complex things.
Por Alejandra Pater para Y SIN EMBARGO magazine #21
(English version by Alicia Pallas)
Popularity: 2% [?]
////Quizás te interese:























6 pareceres, respuestas o pings
susan wolff
“Who says the digital will be the last? And what will it take to accept the new?
It would be quite simple to understand if simplicity was not one of the most complex things.”
a wonderful text on the concept and these last 2 questions and the statement on simplicity, beautiful!
2 Sep, 2009
IBAMA LEYTON
Interesante análisis. En realidad cuesta trabajo dejar las texturas y el olor del libro, acoplarse a la pantalla y darle intimidad a este acto es algo que requiere un pc personal que seguramente tendré pronto y puede que en definitiva me acople a tener al alcance de un clic todo los libros (amigos) que no puedo cargar en una maleta.
3 Sep, 2009
Miguel Ruibal
¿Quién siente ahora nostalgia por un viejo tipógrafo con su burro y, eventualmente, su linotipo?
La transición al offset fue más discreta para el gran público, porque el soporte final era, prácticamente, el mismo.
La nostalgia del presente es casi más superficial que la del pasado.
4 Sep, 2009
alejandra pater
Thanks Susan!
Ibama, espero que no pase mucho antes de que tengas tu pc personal y puedas alli disfrutar tu afición por la lectura, gracias por el comentario.
Miguel, la nostalgia siempre tiene raíz en el pasado, y algunas raíces son tan profundas que incluso se pierde de vista su origen. Gracias por comentar
Saludos!
alejandra.
8 Sep, 2009
José Luis Bigi
Hace aproximadamente diez años, propuse a un grupo de alumnos del último curso del secundario, leer “Crónica de una muerte anunciada”, de García Márquez. La tarea fue titánica, prácticamente el 80% de los alumnos no entendía la acronicidad temporal de la novela´, y al unísono me dijeron que leer no era para ellos. Entonces copié parte de la novela en la computadora y se las envié por mail a mis alumnos y…, todos entendieron la acronicidad temporal, el argumento y el tema. Esto demuestra que los nuevos soportes siempre se imponen. Pensemos dolamente en lo que opinaban los intelectuales de la Edad Media cuando apareció la imprenta y el conocimiento, a través del libro, se masificó.
Para mí, que pertenezco a la primera mitad del Siglo XX, el soporte papel (libro) es insustituíble, pero indudablemente para las generaciones de la primera mitad del Siglo XXI, el soporte digital tendrá lo que el soporte papel tiene para mí. Y no podemos imaginar cuál será el soporte para los nacidos en la primera mitad del Siglo XXII. Un abrazo, José
9 Sep, 2009
Responder a “la aceptación de lo simple, alejandra pater: yse #21”