hasta que no escuches nada, rivera valdez
V.
Mantra. Disparado en n-direcciones, sostenido por cierta experiencia y amortiguado por todo el entorno. Un mantra, que sugiere lo que a veces las palabras, ennegrecidas por el uso, se resisten a describir. Y está esa otra ensoñación, que disiente del espacio, de la pausa, del estío. Que por principio disiente / de casi todo. Y así amenaza con acabar
lo que hace siglos viene siendo comenzado. Claro, son puras amenazas (huecas) y aquí nadie acaba nada. Ni aquí ni en ninguna otra parte. Pero es innecesario, es inevitable, acatar las intenciones, ajustarse el cinturón de los instintos. Darles de comer. (Darles qué comer.)
La historia comienza con unos golpes en la puerta. Son golpes suaves, golpes incluso se diría que tímidos, pero vienen del afuera y Juan no puede menos que exaltarse.
Por desidia, por hábito, tiende el sistema completo a practicar los reflejos adquiridos. Pero tiende también (por otros hábitos) a resistirse a todo reflejo.
Cuando mira por la mirilla no ve a nadie. Juan discurre: O se han marchado o nadie estuvo nunca aquí. Lo que sea menos fatuo será lo más probable, también lo más incierto será una que otra vez lo más probable. Y Juan retorna a lo que hacía, que no difiere en nada de lo que en otro lugar cualquier otro puede y seguramente estará haciendo, pero eso a Juan (a veces, quizá esta vez) lo tiene sin cuidado.
Intentaba enhebrar a las palabras como quien intenta recordar con cierto esfuerzo la letra o melodía de una canción que hace años que no escucha. Ojos cerrados, frente algo fruncida, gesto reconcentrado. Una elegante, una silenciosa ensoñación, una intención de fuga.
Es uno de los más grandes críticos literarios del mundo. Llega ahora a la Argentina un libro que compila sus textos más brillantes, publicados en la legendaria revista The New Yorker. Juan se ataja la cabeza y resiste como puede el embate del barullo. Voces por millares referidas en apenas una línea. Todo el mundo que conoce, todo lo que intenta con esfuerzos de cierta ineficacia dejar a un lado. Todo lo que lentamente va dejando a un lado. Es la voz más grande que han dado las letras hispanas. Un silencio. Otro silencio. Sinsabores. Sumatoria de silencios. Tal vez así, tal vez así. Se refriega la frente, vuelta a empezar. Corramos la ubicación, que no sea yo ni el sitio aquel. Vuelta a empezar. Sumatoria de silencios. Posición y ubicación, brújula errante. Sinsabores. Sumatoria de silencios. Si lo vas a dejar a medias, es mejor que tampoco lo comiences. ¿Quién dijo eso?Silencio. Más silencio. Sumatoria de silencios. Tal vez así. Tal vez entonces…
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La historia comienza###
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La historia comienza con unos golpes en la puerta.
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Se resiste.
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La apuesta es desde siempre superar las circunstancias, escribir, sin que importe nada, sin que importe nada de lo que pase alrededor. Escribir aunque afuera estallen bombas. Escribir aunque haya alguien golpeando tu cabeza con un bate o un martillo. Y hacerlo como si en verdad no pasara nada, como si estuvieras en el sitio más tranquilo, seguro y silencioso. Como si fueras Buddha en Krishna-Loka. Como si toda la realidad se hubiera desintegrado, evaporado, desaparecido por completo. Superar las circunstancias, estar a mil, cinco mil, diez mil metros de altura sobre el nivel del mar de ruidos, sobre todo lo que ocurre en la superficie del océano. La apuesta es a ganar y sólo puede apostarse todo. Y una vez realizada la apuesta, no tiene caso, no tiene sentido volverse hacia atrás, arrepentirse, desdecirse, o mermar el gesto.
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La historia comienza con unos golpes en la puerta.
Esa es la historia.
Por Rivera Valdez, YSE.
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8 pareceres, respuestas o pings
RV
Desayunando-me
lo.
Qué nutritivo!
27 Nov, 2009
Ana Pastor
¡ Pange lingua!. La historia es que alaben las lenguas y la mia ya lo hace. Y la cuestión es que tu sigas escribiendo tan bién como lo haces!
27 Nov, 2009
RV
Magna amabilitas!
Se agradece.
27 Nov, 2009
Graciela Oses
Si lo vas a dejar a medias, es mejor que tampoco lo comiences. ¿Quién dijo eso?
El mismo. El que callaba cuando tenía la oportuna instancia de decir algo. Pero no.
Era todo & nada.
Así que nada ( que es más relajado ).
Sí, sísísí: hace falta el fuego. Ya entra en el orden de las necesidades inmediatas, estructura(nt)les, vitales.
Sí, no dejes de escribir, también sin manos o sin ojos.
Gracias por este no pan dulce navideño.
25 Dic, 2009
RV
Gracias a ti, Graciela, por las apreciaciones.
El fuego siempre a la mano, para calentarse.
También me gusta el pan dulce, y el no también
Slds’
27 Ene, 2010
Responder a “hasta que no escuches nada, rivera valdez”