Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

café y cerveza, alicia pallas: yse #22

Estarás conmigo, prosigue el primer hombre tras sorber el café humeante, en que la clave está en aceptar que la idea es la que constituye una obra de arte, y no el objeto físico que la transmite. El segundo hombre asiente mientras pasea un dedo ausente por el borde de su vaso de cerveza, Estoy de acuerdo, el arte siempre se ha confundido demasiado con la labor artesanal. Bebe un trago y prosigue, Me pregunto si los grandes maestros de la técnica pasarían la prueba de la popularidad virtual: Rembrandt escaneando sus pinturas y subiéndolas a Flickr en baja resolución, ¿recibiría más visitas que un atardecer retocado con Photoshop? Es que hoy, dice el primer hombre, la técnica para crear algo llamativo está al alcance de cualquiera, quizá por eso sean las ideas lo que más valoramos. La mayor parte de los artistas clásicos, dice el segundo, no resistirían la presión por postear una idea nueva cada día. No, pertenecían a otro modelo, dice el del café, otro en el que el arte era mercancía.

El de la cerveza sonríe, El arte tiene que ser mercancía: quien quiere vivir de ello ha de hacer un arte que interese a algún público. Arte complaciente, dice el primero. No, no necesariamente, replica el segundo, lo que más interesa hoy en día es la subversión; pero si te fijas, esa subversión no ataca los pilares del sistema que le da de comer, como mucho los patea un poco para que el espectador pueda sentirse subversivo y cómplice por un instante, antes de seguir su camino hacia la oficina. No estoy de acuerdo, se apresura a aclarar el del café, la Red está permitiendo algo más que pataditas al sistema: por primera vez las ideas circulan libremente, sin sumisión a los criterios comerciales de unos cuantos… que, dicho sea de paso, están muertos de miedo. El otro apura su cerveza para después asentir, Cierto, ahora los autores sólo se someten a las condiciones de uso de las plataformas virtuales, y el espectador tiene que someterse a su proveedor de Internet, al pago de “módicas” suscripciones para aumentar los límites de descarga… ¿otro café? No, gracias, dice el primer hombre, aún no he terminado este.

El segundo hombre se dirige a la barra mientras el primero pasea su mirada entre las palomas que picotean aquí y allá la basura de la plaza. Fíjate, prosigue éste en cuanto su acompañante vuelve a su asiento, en lo barato que es ahora editar un libro, grabar música, hacer un corto… y que la gente lo vea. Tú yo podemos hacerlo. Hay software libre que nos permite hacerlo, hay canales para venderlo nosotros mismos, o regalarlo. El segundo hombre asiente, Sí, el mercado se ha abierto a cualquiera, la promoción ya no es cara… de todas formas, estos canales de difusión abren unos horizontes y estrechan otros. ¿Qué quieres decir?, se interesa el otro. Que siempre nos olvidamos de que una gran parte de la población no tiene un PC para acceder a toda esa información. El primer hombre medita un momento, Pero incluso para esa gente ofrece ventajas, aunque ellos no entren en Internet, hay iniciativas de las que se benefician, y que si no fuera por estas vías de difusión gratuitas no encontrarían un espacio donde desarrollarse. Es verdad, concede el otro, pero ¿no crees que hay otras que quedan eclipsadas, precisamente porque son imposibles de trasladar al espacio virtual? Es el reto de esta era, dice teatralmente el del café, saber traducir las ideas al lenguaje virtual, igual que antes no había más remedio que traducirlas al lenguaje capitalista. El de la cerveza sonríe abiertamente, Dicho así, parece que cambiamos el criterio comercial por otro igual de arbitrario. ¿Y cuál es el nuevo criterio, según tú?, se interesa el otro, revolviendo con la cucharilla su café ya frío.

Las palomas rebuscan migas entre envoltorios de meriendas anunciadas en TV. El de la cerveza sigue sus movimientos en silencio durante unos instantes antes de responder, Creo que los autores que tendrán éxito serán los que tengan más carisma virtual, o más habilidad para moverse en la red, y la calidad del trabajo seguirá siendo secundaria. El del café duda, No te digo que no, el riesgo está ahí, pero al menos la difusión está al alcance de todos, si no sabemos hacerlo es sólo culpa nuestra. Buen argumento, concede el otro, pero cuanta más difusión, ¿la autoría no se hace más difusa? Lo dices por lo fácil que es descargarse y plagiar un trabajo de otro, replica el del café en tono casi afirmativo. No sólo eso, el de la cerveza mira retador, apuesto a que no recuerdas los autores de las obras que más te han llamado la atención últimamente.

El de la taza de café vacía mira hacia arriba, en vez del cielo despejado sus ojos topan con el reverso del logo publicitario impreso en la sombrilla que los cubre, Sí, de algunas sí, no todas, claro… El de la cerveza sonríe entre triunfal y cómplice, Pero en cambio recuerdas qué blog o qué amigo de Facebook te las recomendó. El otro sonríe, vuelve a dirigir la vista al cielo ensombrillado, ríe ahora mientras asiente con la cabeza, Joder, tienes razón, pero ¿sabes qué?, lo importante es que he visto las obras. El otro le da un trago a la cerveza antes de añadir, divertido, Y mientras, el autor sigue tan anónimo como antes. El tono del primero es ahora abiertamente sarcástico, las obras clásicas más famosas son anónimas, igual habrá que acostumbrarse. El de la cerveza ríe, Pues eso sí que es un reto, lo que sobra en la red es egocentrismo y adoración del nombre propio. Dirás del nickname, apunta el otro. Eso, coincide el de la cerveza. Pues es un reto a superar, reflexiona el primero, conseguir que el interés por las ideas supere el culto a los nombres. Me parece, dice el segundo, que el éxito de esta utopía virtual sobre nuestro tan odiado capitalismo depende muchísimo de que estemos dispuestos a aceptar tantos retos. Desprendernos de nuestros hábitos como consumidores, dice el otro. Sí, y redefinir nuestro papel como creadores, dice uno. Y entender que somos piezas activas del puzzle, dice el otro, estemos de uno u otro lado. O de ambos, dice uno. O de ambos, dice el otro.

Hartas de rebuscar entre los desechos, las palomas de la plaza van levantando el vuelo. Ambos hombres las siguen con la mirada hasta verlas desaparecer por encima del logo publicitario que los ampara y los separa del sol .Ninguno de ellos dice una palabra.

Por Alicia Pallas para YSE #22.

# # #

You’ll agree with me, the first man continues after sipping his steaming coffee, that the key lies in accepting that the idea is what constitutes a work of art, not the physical object built to transmits it. The second man nods while he absentmindedly rubs his finger around the rim of his glass of beer, I agree, art has always been confused with craftsmanship. He stops to drink, then goes on speaking, I wonder if the greatest masters of technique would stand the test of virtual popularity: Rembrandt scanning and uploading his paintings to Flickr in low resolution, would he get more views than any Photoshop-retouched sunset? It’s just that nowadays, the first man says, the technique for creating something appealing is within anyone’s reach, maybe that’s why it is ideas that we value the most. Most of the classics, the second man says, would not resist the pressure for posting a new idea daily. No, they belonged to a different model, says the one with the coffee, another one where art was merchandise.

The one with the beer smiles, Art has to be merchandise: whoever want to make a living out of it must make art that some public will be interested in. Accommodating art, says the first one. Not necessarily, the second one replies, subversion’s what interests people the most nowadays; but if you look closely, that subversion does not attack the foundations of the system that feeds, at most it kicks weakly so that the spectator can feel subversive and accomplice for a moment, before walking on to the office. I don’t agree, the one with the coffee quickly clarifies, the Web is allowing for something more than little kicks to the system: for the first time ideas circulate freely, without the submission to the commercial criteria of a few… who, by the way, are now scared to death. The other one finishes his beer and nods, True, now authors must only yield to the terms and conditions of use of virtual platforms, and spectators have to give in to their Internet providers, pay “reasonable” amounts to get rid of download limits… another coffee? No, thanks, says the first man, I still haven’t finished this one.

The second man walks to the bar while the first one let his eyes wander among the pigeons pecking at the garbage on the square. Take a look, he goes on as soon as his companion is back on his chair, at how cheap it is now to edit a book, record music, shoot a short film… and get people to see it. You and I can do it. There’s open software we can use, there are channels to sell it ourselves, or even give it away. The second man nods, Yes, the market is open to anyone, promotion is not that expensive anymore… anyway, these diffusion channels open some new horizons but close others. What do you mean?, the other one asks. I mean we always seem to forget that a big number of people don’t have a computer to access all that information. The first man thinks over for a moment, But even for those people it offers advantages, even if they’re not on the Internet, there are initiatives they benefit from, which wouldn’t find a space to develop were it not for these free diffusion channels. That’s true, agrees the other one, but don’t you think there are also others that are outshined, precisely because they are impossible to translate to a virtual space? It’s the challenge of the times, the one with the coffee speaks theatrically, to be able to translate ideas into virtual language, just like before we had no choice but translating them to capitalist language. The one with the beer smiles widely, Hearing you, it seems we are changing a commercial criterion for another one as arbitrary as the former. And which is the new one, according to you?, the first one asks while he stirs his already cold coffee.

Pigeons rummage among wrappings of TV-advertised snacks. The man with the beer follows their movements silently for a few seconds before answering, I think the authors who succeed will be those with greater virtual charisma, or greater skills to make their way on the web, but the quality of their work will remain secondary. The one with the coffee hesitates, I don’t deny it, the risk is real, but at least diffusion is within anyone’s reach, if we don’t know how to do it it’s just our fault. Good point, admits the other, but the wider the diffusion, doesn’t authorship become more diffuse? You say so because it’s so easy to download and plagiarize someone else’s work, the one with the coffee replies in an almost affirmative tone. It’s not just that, the one with the beer gives a challenging look, I bet you can’t remember the authors of any work that has caught your attention lately.

The one with the coffee cup looks up, instead of a clear sky his eyes meet the reverse side of the printed logo on the umbrella above them, Yes, of some of them, of course not all of them… The one with the beer shows a smile between self-satisfied and accomplice, But instead you remember which blog or which Facebook friend recommended it to you. The other one smiles, looks up again to the umbrelled sky, laughs now while he nods, You’re so damn right, but you know what?, the important thing is that I saw their work. The second man drinks some beer before adding in an amused tone, And meanwhile, the author remains as anonymous as before. The tone of the first man is now openly sarcastic, The most famous classics are anonymous, maybe we’ll have to get used to it. The one with the beer laughs, Now that’s a challenge, if there’s too much of something in the web it’s egocentrism and name worship. Nickname worship, you mean, points the other one. Right, agrees the one with the beer. Well that’s a challenge to overcome, the first one reflects, to get the interest for ideas to outdo the cult for names. I think, the second man says, that the success of this virtual utopia over our much hated capitalism will depend if we’re willing to accept so many challenges. To abandon our habits as consumers, says the other. Yes, and redefine our role as creators, says one. And understand we’re active pieces of the puzzle, whether on one side or the other. Or on both, says one. Or on both, says the other.

Tired of looking among the garbage, the pigeons on the square start flying off. Both men follow them with their eyes until they see them disappear over the logo that protects and separates them from the sun. Neither of them says a word.

# # #

Vous serez d’accord avec moi, poursuit le premier en sirotant son café fumant, que c’est l’idée qui constitue l’oeuvre d’art et non pas la chose physique qui l’actualise. Le second hoche la tête en frottant distraitement du doigt le bord de son verre de bière, je suis d’accord, l’art a souvent été confondu avec l’artisanat. Il cesse de boire et reprend la parole, je me demande si les grands maîtres résisteraient à l’épreuve de la popularité virtuelle : Rembrandt, scannant et uploadant en basse résolution sa peinture sur Flickr, aurait-il plus d’audience que n’importe quel coucher de soleil retouché sous Photoshop ? C’est seulement que de nos jours, dit le premier, la technique pour produire quelque chose d’attrayant est à la portée de n’importe qui, peut-être est-ce pourquoi ce sont les idées que nous chérissons le plus. La plupart des classiques, dit le second, ne résisteraient pas à la pression de publier une nouvelle idée par jour. Non, ils étaient d’un autre modèle, dit l’homme au café, d’un modèle dans lequel l’art était une marchandise.

Celui à la bière sourit, l’Art doit être commercialisé: quiconque veut en vivre doit produire un art qui plaît à un public. Art de complaisance, dit le premier. Pas nécessairement, réplique le second, la subversion est ce qui intéresse le plus les gens ces temps-ci, mais à y regarder de près cette subversion ne s’attaque pas aux fondements du système qui s’en nourrit, tout au plus elle gigote un peu pour qu’avant de retourner au bureau le spectateur s’encanaille d’en être un moment complice. Je ne suis pas d’accord, argue l’homme au café, le web autorise plus que de donner de petits coups de pieds au système: en premier lieu les idées circulent librement, sans se soumettre aux critères commerciaux de quelques uns .. qui, soit dit en passant, sont désormais morts de peur. L’autre finit sa bière et hoche la tête, c’est vrai, les auteurs n’ont plus qu’à céder aux termes et conditions générales d’utilisation des plateformes virtuelles, tout comme les spectateurs cèdent à leurs fournisseurs d’accès, en s’acquittant de tarifs raisonnables pour pouvoir dépasser les limites de téléchargement … un autre café ? Non merci, dit le premier, je n’ai pas encore terminé celui-là.

Alors que le second se dirige vers le bar, le premier laisse errer son regard vers les pigeons de la place qui picorent des déchets. Regarde, poursuit-il dès que son compagnon est de retour sur sa chaise, regarde combien il est désormais facile d’éditer un livre, d’enregistrer de la musique, de tourner un court-métrage … et d’amener des gens à le voir. Même toi et moi pouvons le faire. Il existe des logiciels libres pour développer, des canaux pour vendre, même pour donner. Le second hoche la tête, oui, le marché est ouvert à tous, la promotion n’est pas si cher non plus … en tout cas, ces canaux de diffusion ouvrent de nouveaux horizons, en ferment d’autres aussi. Que veux-tu dire, demande l’autre ? Je veux dire qu’on a l’air d’oublier qu’un grand nombre de gens n’ont pas d’ordinateur pour accéder à toute cette information. Le premier réfléchit un instant, mais même pour ces gens il y a des avantages, même s’ils ne sont pas sur internet, il y a des avancées dont ils bénéficient qui ne trouveraient aucun espace pour se développer sans ces canaux de diffusion gratuite. C’est vrai reconnaît l’autre, mais ne penses-tu pas qu’il y en a aussi d’éclipsés, précisément parce qu’il est impossible de les transposer dans un espace virtuel ? C’est le challenge du moment, l’homme au café se montre théatral, savoir traduire les idées en langage virtuel, comme auparavant nous n’avions d’autre choix que de les traduire en langage capitaliste. L’homme à la bière sourit largement, à t’entendre nous changeons un critère commercial par un autre non moins arbitraire. Quel est le nouveau selon toi, demande le premier en remuant son café déjà froid ?

Les pigeons de fouiner encore dans les emballages de victuailles vues-à-la-TV. L’homme à la bière observe encore leur agitation pendant quelques secondes avant de répondre, je pense que les auteurs qui réussissent sont ceux qui ont le plus de charisme virtuel, ou davantage d’habileté pour faire leur chemin sur le web, mais la qualité de leur travail reste mineure. Celui au café hésite, je ne peux le nier, le risque est réel, mais au moins la diffusion est à la portée de tous, si nous ne savons pas le faire c’est juste de notre faute. Bon point, admet l’autre, mais ce n’est pas parce que la diffusion est large que l’auteur est prolixe pour autant. Tu dis ça parce que c’est tellement aisé de télécharger et de plagier le travail de quelqu’un d’autre, répond l’homme au café sur un ton assez péremptoire. Ce n’est pas seulement ça,  l’homme à la bière lance un regard de défi, je parie que tu ne retrouveras pas les auteurs des dernières oeuvres qui ont attiré ton attention.

Celui à la tasse de café lève les yeux, au lieu d’un ciel clair son regard croise au-dessus d’eux le verso d’un logo imprimé sur le parasol, oui, certains d’entre-eux oui, pas tous bien sûr … L’homme à la bière arbore un sourire entre auto-satisfaction et complicité, ou même encore, te rappelles-tu quel blog ou quels amis de facebook te les a recommandés. L’autre sourit, regarde à nouveau vers le parasol, rie tout en hochant la tête, tu as sacrément raison, mais tu sais quoi ? L’important c’est que j’ai vu leur travail. Le second boit de la bière avant d’ajouter d’un ton amusé, en attendant l’auteur reste aussi anonyme qu’auparavant. Le ton du premier se fait sarcastique, les classiques les plus célèbres sont des anonymes, peut-être faudra-t-il nous y habituer. L’homme à la bière s’esclaffe, c’est un challenge aujourd’hui, s’il y a excès sur le web c’est bien d’égocentrisme et de culte de la personnalité. Culte de pseudonymat tu veux dire, précise l’autre. Exact, accorde celui à la bière. Et bien c’est un défi à relever, renvoie le premier, surpasser le culte des personnes pour porter l’intérêt sur les idées. Je crois, dit le second, que la victoire de cette virtuelle utopie sur notre détesté capitalisme dépendra de notre aptitude à relever tous ces défis. Abandonner nos habitudes de consommateurs, dit l’autre. Oui, et redéfinir notre rôle de créateur, complète le premier. Et comprendre que nous sommes les pièces actives d’un puzzle, que ce soit d’un coté ou de l’autre. Ou les deux, conclue le premier. Ou les deux, dit l’autre.

Fatigués de chercher parmi les détritus, les pigeons de la place commencent à s’envoler. Les deux hommes les suivent des yeux jusqu’à les voir disparaître au dessus du logo qui les protège et les sépare du soleil. Aucun d’eux ne dit mot.

( versión francesa por Jef Safi )

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