lo imperceptible y el final de la utopía (ii), sebastián de cheshire: yse #22
La antítesis material de una máquina se llama software. El tropo software libre es hasta excesivamente sencillo por su inmaterialidad, que cotidianamente está impedido en lo referente a una tangencia real. Incluso sabiendo que se trata de una tentativa de bondad y justicia, con polémica, nos preguntamos: ¿Cuáles serían las consecuencias de un mundo en el que todas las computadoras incurrieran en el software libre? El factor más prometedor de este modelo reside en la ingente red de colaboración que se ha originado a nivel mundial entre programadores.
En la década de los setenta en Deleuze se encontraba la visión de lo “maquínico”, mímesis del prototipo productivo industrial. En lo posterior, un materialismo que narraba máquinas revolucionarias, solteras, combativas y no de signos ideológicos.
Deleuze extrajo la máquina de la industria, y ahora el turno es nuestro en eso de extrapolarla a otras vías que no pasen por la red, en aras de una etapa post-net.
El conocimiento elaborado engendra máquinas de todo rango: electrónicas, mediáticas, médicas, sociales, e.t.c. La descripción decimonónica de máquina apuntaba a un artefacto para la transmutación de energía. En el siglo siguiente la información se canaliza bajo secuencias binarias. Para Deleuze, en contrapartida, la máquina de la que parte el deseo elabora lo real.
Hoy en día indicamos que máquina es la forma básica del intellect, cada hilo del conocimiento grupal en la red, cada dispositivo que combina bajo apariencia orgánica los cauces de la economía y de nuestra actitud deseante.
En una órbita superior, la red puede ser tenida en cuenta como una súper-máquina acoplada en otras máquinas, y hasta la mayoría significa “maquínica” proporcionando, de esta manera, que en la multitud queden adaptados los medios de producción. En consecuencia, reincautación deviene en acceso libre y autoproducción.
Por Sebastián de Cheshire para YSE #22.
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The material antithesis of a machine is known as software. The trope “open software” is even too simple because of its immateriality, which is daily disabled regarding a real tangency. Even knowing it is an attempt for goodness and justice, polemically, we wonder: Which would be the consequences of a world in which all computers fell on open software? The most promising factor in this model lies in the worldwide collaborative net between programmers.
In the 60’s decade, in Deleuze the vision of the “machinic” was found, as a mimesis of the industrial productive prototype. Later, a materialism telling about revolutionary, single, aggressive machines, of no ideological sign. Deleuze extracted the machine from the industry, and now it is our turn to extrapolate it to ways other than the net, in favour of a post-net era.
Elaborate knowledge engender machines of any kind: electronic, media-related, medical, social, etc. The nineteenth-century description of machine pointed to an energy-transmuting artefact. In the following century, information is channelled under binary sequences. To Deleuze, in contrast, the machine from which desire rises elaborates the real.
Nowadays we indicate that machine is the basic form of the intellect, each thread of group knowledge on the net, each device combining under an organic appearance the courses of economy and of our desiring attitude.
Within a higher sphere, the net can be taken into account as a super-machine coupled to other machines, and even the majority means “machinic”, thus favouring the production means to be adapted to the multitude. Consequently, reconfiscation becomes free access and self-production.
( traducción por Alicia Pallas )
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