Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

diátriba autoinferida para la hora del té, miguel ruibal: yse #24

Ya lo decía Piendibeni, en “Para empirocriticismo, el mío.” (Ediciones Agotadas SRL):

“Respuesta a Marx: Seamos honestos, sólo podrás hacerte socio de aquellos clubes que te acepten como miembro.”

Aquel tan preclaro como cirrótico hombre pudo, en estas palabras, dejar casi todo dicho sobre las, por aquel entonces, aún inexistentes redes sociales.

¿Qué es una red social si no el club omnívoro que nos acepta a todos?

En él recalan periodistas sin periódico, artistas de poca monta y de los otros (si es que existen tales fenómenos), gentes de una bondad extrema que se preocupan por cuanto ser viviente haya, pendencieros izquierdistas, derechistas soberbios, literatos comedidos, versificadores ajenos a la poesía, y toda una fauna florecida con vocación de epicentro y destino de multitud.

Pero, eso sí, los más abundantes y desconcertantes, el paradigma de este cristalero viviente, son los divulgadores de lo ajeno que ejercen una curiosa creatividad por interpósita persona: difunden músicas que todos conocemos (a modo de discjokeys de la reiteración a limine) escenas de films, citas literarias, más músicas de otros, archivos televisivos, recortes de prensa, editoriales, etc., etc., etc.

Y no olvidemos a los relatores de sus desgracias, esos impúdicos, casi pornográficos, cronistas de intimidades propias y fantasías ajenas (sería bueno recordarles, a estos especimenes, lo que decía Dennis Hopper en aquella película: “que algo te suceda a ti no lo vuelve necesariamente interesante”).

Cabe preguntarse: ¿a dónde conduce ese perpetuo agitar de bracitos virtuales? ¿qué tipo de comunicación generan estos poli funcionales esfuerzos desarrollados frente al ordenador?

¿Estamos ante los nuevos rituales, las nuevas ceremonias de la tecnología?

Respondo sin pedir permiso: sucede que el ritual de la comunicación no es la comunicación misma, así como la ceremonia de la reflexión, no es la reflexión y, muchas veces, es todo lo contrario (aquí estamos, para demostrarlo).

Entonces, tenemos decenas de miles de emisores y cuatro escasos receptores (generalmente distraídos, para peor).
Se reproduce un efecto de espejos unidireccionales, que sólo envían imágenes, para no devolverlas. No hay retorno ni intercambio sereno, el ritmo del medio no lo permite. Las señales van, y van a un caldero que bulle sin ton ni son en una suerte de acumulación de monólogos fraccionados que apenas pueden aspirar a un adjetivo reiterativo o a un “clic” benevolente sobre una demostración preestablecida de aceptación.

Se entrecruzan discursos y se propalan consignas que abarcan casi todos los asuntos humanos, pero no es más que un mantel de hule que brilla con los destellos propios del monitor, pero no cubre mesa alguna, ni cobija platos bien servidos y no protege pan casero. Es un pobre mantel de hule, de pocas micras de espesor, barato, engañoso y, eso sí, impermeable.

Sobran dioses devaluados, sobra la palabra como mercadería averiada y sobran soledades sin administrar, todo sin poética del desenlace, un ovillo eterno y desalentador, que no dice nada, justo ahora, que están todos los medios para decirlo todo.

La paradoja final: la simulación de la comunicación entronizada, con sus anchas patas sobre las pequeñas cabezas de millones de afanados tecleadores que, cada tanto, miran sobre su hombro, a ver si, por fin, llega alguien.
La módica profecía se ha cumplido, la ilusión de la comunicación ha hecho sucumbir a su Némesis involuntaria: la comunicación misma, a secas. Todo se reduce a un carnaval de pequeñas voluntades satisfechas, porque, en las redes sociales, al fin y al cabo, todo es gratuito y no hay peajes emocionales, ni costos afectivos, ni nadie, verdaderamente, está involucrado en los lazos que se crean. Es un alarde de sombras chinas ejecutadas a horcajadas de un potro tecnológico de fatigada furia.

Por Miguel Ruibal para YSE #24

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Self-inferred diatribe for tea time

Piendibeni said it already in “Quite an empiriocriticism, mine is” (Sold Out Editions, Ltd.)

“Reply to Marx: Let’s be honest, you’ll only be able to join those clubs accepting you as a member”

That man as illustrious as cirrhotic could, with these words, leave almost everything said about the, at that time, still inexistent social networks.

What is Facebook? The omnivorous club that accepts us all.

There roam journalists without a newspaper, third rate artists and some of the others (if such phenomenons exist), extremely kind people caring for any existing living being, quarrelsome left-wingers, arrogant right-wingers, restrained men of letters, versifiers away from poetry, and a whole fauna thriving in its vocation of epicenter and fate of multitude.

But indeed, the most abundant and puzzling, the paradigm of this living display, are the broadcasters of others, exercising a curious creativity per alios: spreading music we all know (as the disc-jockeys of in limine iteration), film scenes, literary quotes, more music by others, TV archives, press cutouts, editorials, etc., etc., etc.

And let’s not forget about those narrators of their own disgraces, those shameless, almost pornographic reporters of their own intimacies and other’s fantasies (it would be nice to remind these specimens of what Dennis Hopper said in that film: “Just because it happened to you doesn’t make it interesting”).

One might wonder: where does that perpetual waving of virtual arms lead? What kind of communication is generated by these multifunctional efforts developed in front of the computer?

Are we facing the new rituals, the new ceremonies of technology?

I answer without asking for permission: it happens that the ritual of communication is not communication itself, just like the ceremony of reflection is not reflection but, often, its opposite (here we are to prove it).

Then we have tens of thousands of emitters and barely four receivers (and generally distracted, to make matters worse).

Discourses are interwoven and claims are declared covering almost any human matter, but it is nothing but oilcloth shining with the screen’s sparkles, but does not cover any table, nor shelter well-served plates or protect homemade bread. It’s just a poor oilcloth, a few microns thick, cheap, deceptive but, indeed, waterproof.
There are too many devaluated gods, too many words as broken goods and too much unmanaged loneliness, all of it without the poetry of denouement, an eternal and disheartening hank that says nothing, right now, when all the media are there to say it all.

The final paradox: the simulation of communication on a throne, its wide legs on the tiny heads of millions of busy typers which, every now and then, are looking over their shoulders to see if, finally, there’s someone coming.

Por Miguel Ruibal para YSE #24
English translation by Alicia Pallas

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3 pareceres, respuestas o pings

  1. Fabiana Paola

    “Metaredessociales”: el estudio de las redes sociales desde las redes sociales.

  2. Mj

    De los defectos sólo se da cuenta el desamorado; de ahi que para verlos tengamos que volvernos también desamorados, aunque no más de lo necesario.

    Gustave Flaubert

  1. planetalibro.net - 13 May, 2010

Responder a “diátriba autoinferida para la hora del té, miguel ruibal: yse #24”

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