Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

pulsar la tecla adecuada o el dedo sobre la llaga, roman aixendri: yse #24

Se inaugura el doctorado de pesimismo y las aulas se llenan. La desilusión llama al timbre y todo el mundo corre a abrir su puerta. Veloz por inconformista, apurando cada momento para acabar con la tranquilidad. Viene del peor de los sitios, de la necesidad de progreso como fin último. De una inversión, de la negación constante. Siempre prometiendo pero nunca cumpliendo. Quizás se escuchen risas o suene algún bostezo pero es tan evidente que la idea de progreso se sustenta en una paradoja, la mirada constante hacia un futuro nunca alcanzable.

Duele como una mirada hostil directamente a los ojos. Quien quiera pararse será avasallado. El tren le dejará y se sentirá solo. Los demás irán cantando dentro de su vagón sin darse cuenta que su camino no conduce a ningún lugar porque el anhelo de futuro es de por sí inalcanzable. Tener no es la cuestión, la cuestión es prometer y como esta es la cuestión se genera la desesperanza y la consiguiente frustración porque el ansiado premio nunca llega, siempre se fuga, grácil ángel de pesadas plumas.

Rizando el rizo se crea la red, y el presente se desvalora a marchas forzadas. Estar presente ya no es lo importante, lo importante es hacer acto de presencia de alguna manera. La maquinaria ávida de velocidad aprieta el acelerador, gas a fondo. Lo virtual amputa al otro y lo sustituye. El goce es diferido por una máquina. La promesa hace acto de presencia como un desgarro, porque lo prometido es deuda y la deuda es impagable porque un ser que espera progresar indefinidamente nunca podrá ser saciado y menos si pretende pagar a distancia.

Todo son anticipaciones, trailers de lo que nunca va a llegar. Los avances ya no anticipan nada porque el avance ocupa cualquier espacio. No podría ser de otra manera. Si no se avanza no se progresa, por tanto todo es ficticio, todo es tan virtual como la huida misma. El constante anhelo de recibir correos virtuales no denota nada más que la espera de algo nuevo, un avance de algún tipo.

Ya tenemos las dos caras de la misma moneda, la desilusión y la esperanza. Primero se espera, sin hacer nada, por supuesto, de otro modo no habría espera. Y después al ver que no pasa nada llega la desesperanza que será sustituida por otra cuando se reciba otra promesa u otro avance. La gracia está en que uno se sube al tren y luego espera. El progreso, de esta manera siempre es externo y se nutre de los malestares. En el interior hay una involución porque uno poco a poco va sintiéndose peor. Resulta curioso ver como las escuelas de pesimismo cada día tiene más éxito.

La red es como el supermercado de lo imposible, lo presenta todo pero, a la vez, lo imposibilita todo como cuando un niño entra con sus padres a una tienda y ve que al final no puede llevarse nada. Quizás ya en esa temprana edad se eduque en la frustración, se intuye la promesa y a su vez lo imposible, luego amanecen los sollozos, la necesidad y la ira. Es en esos precisos momentos cuando uno se da cuenta que pase lo que pase, se desilusionará a menos que cambie de perspectiva. Si no tienen suficiente es que este texto no ha servido para nada.

Por Roman Aixendri para YSE #24

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Press the right key, or the finger on the sore spot
On the opening of the PhD course in pessimism the rooms are full. Delusion rings the bell and everyone runs to open the door. Swift in its nonconformity, rushing every moment to finish with peace. It comes from the worst of places, from the need for progress as an ultimate goal. From an inversion, from the constant denial. Always promising but never fulfilling. Laughter or the sound of some yawn may be heard, but it is so evident that the idea of progress is sustained on a paradox, the incessant gaze at a never attainable future.

It hurts like a hostile look directly at one’s eyes. Whoever stalls will be trampled on. The train will leave them and they’ll feel alone. The rest will go singing inside their carriage without realising their path leads to nowhere because the craving for future is in itself unachievable. To have is not the question, the question is to promise and since this is the question, despair arises with the consequent frustration, because the coveted prize never arrives, it always flees, graceful angel with heavy feathers.

Loping the loop the net is created, and present is devaluated against the clock. To be present is not important anymore, what’s important is to do act of presence in some way. The machinery, eager for speed, steps on the gas, its foot to the floor. The virtual amputates and substitutes the other. The pleasure is tape delayed by a machine. The promise puts in an appearance like a tearing, because promises are debts and debts are invaluable because a being that expects endless progress will never be fulfilled, the more so if they expect to pay from a distance.

It’s all anticipation, teasers of what is never to come. Advances no longer anticipate anything, because advance occupies any room. It could not be any other way. If there’s no advance there’s no progress, thus everything is faked, everything is as virtual as the escape itself. The constant craving for virtual mail reveals nothing but a crave for something new, some kind of advance.

There are already the two sides of the same coin, disillusion and hope. First one waits, doing nothing, of course, otherwise there would be no waiting. And later, when nothing happens, despair comes, despair which will be substituted by some other one when one receives another promise or another advance. The point is to get on the train and then wait. Thus progress is always external and nurtured by unease. Inside there’s an involution because bit by bit one starts feeling worse. It is curious to see how the school of pessimism is growing popular.

The web is like a supermarket for the impossible, it presents everything but, at the same time, makes everything impossible, just like when a kid enters the store with his parents and finally realises he won’t get anything. Perhaps at that early age we’re already educated in frustration, the promise is sensed as well as the impossible, then sobbing, need and rage arise. It’s in those moments when one realises that, whatever happens, one will be disappointed unless there’s a change in perspective. If you don’t have enough then this text has been of no use.

English version by Alicia Pallas.