Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

the secret life of objects, françoise lucas + wilma eras: yse #28

F.L. + W.E
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What does it mean to sense the desire to buy new objects? Are we “forced”? Are the objects telling us “to discard them”, to replace them with new ones? Do objects have a voice? Are they looking at us? Are the objects personified during the cycle of buying, discarding and buying objects again? How is it possible that objects can take command of our lives if this is the case?

Now the question of objects taking command seems to lead us to the story of commodity fetishism as told by Marx in Capital, at the end of the nineteenth century. (Karl Marx, The fetishism of Commodities and the secret thereof, in Capital, volume 1, section 4)

According to Marx, a commodity is a “mysterious thing”. This mysterious character, however, emerge neither from the use of objects nor from the acts of producing these objects. It is only when objects become commodities that the character of objects becomes enigmatic. To illustrate this, Marx tells the story of a table, which

“so soon as it steps forth as a commodity, it is changed into something transcendent. It not only stands with its feet on the ground, but, in relation to all other commodities, it stands on its head, and evolves out of its wooden brain grotesque ideas, far more wonderful than “table-turning” ever was.”

Marx uses this narrative among others to express the meaning of commodity fetishism in capitalist societies. As Marx states, as soon as an object becomes a commodity, as soon as it has market value, the object begins a life of his own, and becomes fetishized. In the narratives told by Marx, commodity fetishism is “a definite social relation between men, that assumes, in their eyes, the fantastic form of a relation between things.” (Capital, Volume I, Section 4)

In this view, intersubjective relations between people are displaced into relations between things. Things assume intersubjectivity. As if in our frenzy to buy new things, to replace one commodity with another, we were at the same time displacing social and intersubjective relations between people onto social relations existing between things. Or, as Žižek puts it, subjects “no longer believe, but the things themselves believe for them. “ (Slavoj Žižek, The sublime object of Ideology, London, Verso, 1989, p. 34)

What does Marx’s theory of commodity fetishism tell us with regard to the urge people seem to sense to buy and discard things all over again? Things seem to be endowed with power. People are aware of this power, but they are not able to resist it. “I know very well, but all the same…” is Octave Mannoni’s often quotes sentence on the subject.

Marx’s analysis of commodity fetishism is well-known. But why is it so telling? It is a narrative full of rhetoric where personified objects are put into a metaphorical and metonymical relationship with subjects. This rhetoric however seems to deny people the power to respond, denying them the power to perform their subjectivity and their economic and social behaviour at the same time. However, Marx account on fetishism is a narrative. And we should take it as such, as a narrative.

Considered as a narrative, the response to commodity fetishism could be a narrative one. We could answer to the paradox we seem to be caught in by producing a diversity of alternative (visual) narratives. By telling (visual) narratives the narrator as focalizer can project her or his subjectivity and knowledge onto the objects she desires to be telling.

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La vida secreta de los objetos

¿Qué significa sentir el deseo de comprar nuevos objetos? ¿Estamos “obligados”? ¿Están los objetos diciéndonos “que los desechemos”, que los reemplacemos con otros nuevos? ¿Tienen los objetos una voz? ¿Nos están mirando? ¿Son los objetos personificados durante el ciclo de comprar, desechar y comprar objetos de Nuevo? ¿Cómo es posible que los objetos puedan tomar el control de nuestras vidas si es éste el caso?

Ahora la cuestión de los objetos tomando el control parece llevarnos a la historia del fetichismo de la mercancía tal y como la contó Marx en El capital, a finales del siglo diecinueve. (Karl Marx, El fetichismo de la mercancía y su secreto”, en El capital, volumen 1, sección 4.)

Según Marx, la mercancía es “una cosa misteriosa”. Este carácter misterioso, sin embargo, no emerge del uso de los objetos ni de los actos de producir dichos objetos. Solamente cuando los objetos se vuelven mercancía su carácter se vuelve enigmático. Para ilustrar esto, Marx cuenta la historia de una mesa, que

“tan pronto como se presenta como mercancía, se convierte en algo trascendente. No solamente se incorpora sobre sus patas sobre el suelo sino que, frente al resto de mercancía, se pone de cabeza y de su cerebro de madera evolucionan ideas grotescas, más maravillosas de lo que “dar la vuelta a la mesa” haya podido ser jamás.”

Marx usa esta narrativa, entre otras, para expresar el significado del fetichismo de la mercancía en las sociedades capitalistas. Como afirma Marx, tan pronto como un objeto se vuelve mercancía, tan pronto como tiene valor de mercado, el objeto comienza una vida propia, y se vuelve fetiche. En la narrativa de Marx, el fetichismo de la mercancía es “una relación social definida entre los hombres, que asume, a sus ojos, la forma fantástica de una relación entre cosas.” (El capital, Volumen I, Sección 4).

En esta visión, las relaciones intersubjetivas entre personas se desplazan hacia relaciones entre las cosas. Las cosas asumen la intersubjetividad. Como si en nuestro frenesí por comprar cosas nuevas, por reemplazar una mercancía por otra, estuviésemos al mismo tiempo desplazando las relaciones sociales e intersubjetivas entre personas hacia relaciones sociales existentes entre cosas. O, como dice Žižek, los sujetos “ya no creen, pero las propias cosas creen por ellos” (Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, Londres, Verso, 1989, p. 34)

¿Qué nos dice la teoría del fetichismo de la mercancía de Marx en relación con el impulso que la gente parece sentir de comprar y desechar las cosas una y otra vez? Las cosas parecen estar dotadas de poder. La gente es consciente de este poder, pero no es capaz de resistirse. “Lo sé muy bien, pero igualmente…” es la cita habitual de Octave Mannoni sobre el tema.

El análisis del fetichismo de la mercancía que hace Marx es bien conocido. ¿Pero por qué es tan revelador? Es una narrativa llena de retórica en la que los objetos personificados se colocan en una relación metafórica y metonímica con los sujetos. Esta retórica, no obstante, parece negar a las personas el poder de responder, negándoles el poder de ejercer su subjetividad y su comportamiento económico y social al mismo tiempo. No obstante, la explicación del fetichismo de Marx es una narrativa. Y deberíamos tomarla como tal, como una narrativa.

Considerada como una narrativa, la respuesta al fetichismo de la mercancía podría ser una respuesta narrativa. Podríamos responder a la paradoja en la que parecemos estar atrapados produciendo una diversidad de narrativas (visuales) alternativas. Contando narrativas (visuales), el narrador como focalizador puede proyectar su subjetividad y conocimiento sobre los objetos que desea contar.

Fotos: Françoise Lucas y Wilma Eras
Texto: Françoise Lucas
para YSE #28

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2 pareceres, respuestas o pings

  1. Jorge Montecof

    Inútiles objetos del deseo

    La libido (según las consideraciones de Freud), puesta al servicio de conseguir algo, tiene varias y distintas connotaciones. En el caso de un objeto considerado como “mercancía” puede dividirse la emoción, deseo o anhelo en conseguirlo en dos ítems. Uno de ellos por necesidad y otro por una parquedad, urgente y perentoria de tenerlo. En el primer de los casos, la necesidad obedece a una disquisición previa donde triunfa el sentido común. En el segundo de los casos el deseo no nace de la razón y entonces se transforma el interés demostrado en la posesión de inútiles objetos del deseo. Si ha triunfado el sentido común, el trabajo realizado para su confección ha cumplido un fin determinado. Caso contrario, puede ser considerado un vicio, en virtud de su utilidad salvo para quien ha logrado poseerlo. En este último caso las aceptaciones por parte de Marx y Freud son diferentes como lo han sido sus respectivos puntos de vista. El fetichismo en el concepto de Marx, aplicado a la mercancía como uno de los componentes del capitalismo, se parece más a una fantasía surgida de los escritos de Kafka que de el mismo. En el sentido desarrollado con más amplitud por Freud, el fetichismo es otra cosa.
    Me ha parecido excelente el relato, quise solo dar una opinión personal al respecto. Finalmente considero que los objetos que poseemos cobran vida a través de nuestros deseos y el hecho de que se transformen en fetiches solo obedece a los misteriosos designios de nuestro raciocinio que varía y ponemos a prueba todos los días de nuestra existencia.

  1. planetalibro.net - 7 Jul, 2011

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