comunicación social, soledad humana, juan pablo sáenz: yse #29
El problema del modelo clásico
El problema con el modelo clásico de la comunicación* , es un problema de naïveté, entendida como esa mezcla de ignorancia e inocencia que producen los razonamientos poco complejos. No estoy diciendo aquí que no existan definiciones simples y suficientes -eso es a lo que los científicos se refieren cuando usan la palabra elegancia-, pero a veces es necesario introducir un poco de complejidad a las cosas si lo que queremos es, en la medida de lo natural (o sea: de lo que nos es naturalmente posible), ser objetivos, honestos y veraces.
Los seres humanos, en tanto animales o “máquinas biológicas”, tenemos ciertas limitaciones con las que debemos cargar y que no deberíamos ignorar a la hora de hacer observaciones sobre la realidad. Albert Einstein dijo una vez “Es la teoría lo que determina lo que podemos observar“, y aunque el contexto era otro, las implicaciones de ese axioma tienen bastante que ver con lo que queremos postular aquí. Dicho muy sucintamente: las observaciones científicas de la realidad siempre ocurren en el marco de una teoría e intentan demostrar (o no) una hipótesis determinada; y todo lo que ocurre fuera de ese marco (pero que también, sin embargo, forma parte de una realidad que pretende ser observada), simplemente es ignorado por esa observación. Ese es el punto ciego de la observación científica. De esa misma forma, en cada tipo de observación posible existe un punto ciego, un elemento que no puede ser apreciado por el observador; o por lo menos, no puede ser apreciado por el observador en el transcurso de esa observación. Hace falta una observación de la observación para notar la existencia de su punto ciego. Pero también esa observación de segundo orden tendrá su propio punto ciego; de modo que el problema es irresoluble. (Por lo menos, si el fenómeno se nos antoja problemático; aunque la teoría de sistemas, planteando un modelo de comunicación radicalmente diferente al modelo clásico, no ve dificultad alguna aquí sino, simplemente: elementos de análisis).
Aceptando ciertos límites
Las limitaciones que tenemos las máquinas biológicas a la hora de producir, percibir y transmitir información conforman el punto ciego del modelo clásico de la comunicación. Este modelo supone que el mensaje puede transmitirse desde un emisor hacia un receptor y permanecer incólume en ese proceso (como si “el mensaje” fuera una especie de paquete y tuviese una entidad propia e independiente del sujeto); sin advertir que los seres humanos somos sistemas operativamente cerrados a nuestro ambiente y no tenemos ningún tipo de conexión directa con el mundo que nos rodea, y lo único que podemos hacer es ser irritados por nuestro entorno, es decir: percibir el mundo mediante alteraciones de nuestros sentidos; y que esas alteraciones se producen dentro de un espectro limitado de posibilidades, determinado por millones de años de evolución biológica y unos cuantos miles de evolución social.
Al percibirla, las máquinas biológicas interpretan la realidad que les rodea (en ese contexto hablamos también de la construcción subjetiva del mundo). El método científico y la tecnología son débiles intentos de la sociedad por contrarrestar las limitaciones que las máquinas biológicas tenemos a la hora de percibir la realidad, pero si hablamos de comunicación social, en el más amplio sentido de la palabra, no hay nada que podamos hacer para evitar la modificación del mensaje que tiene lugar en el proceso de comunicación: la comunicación no transmite mensajes entre un sistema y otro; la comunicación irrita a los sistemas, quienes traducen esa irritación en códigos propios de información, y el proceso se reproduce generando nuevas irritaciones. Para expresarlo de manera un poco técnica: la comunicación produce más comunicación. (Y siendo más técnicos aún: “Solo la comunicación comunica”).
Un final feliz
Así, si nos ponemos estrictos, los individuos somos incapaces de comunicar nada. Solo la comunicación comunica. Por eso, comunicar nunca fue “poner en común” en el sentido de hacer algo comprensible para todos de la misma manera en que ese algo es comprensible para el sujeto mismo; en todo caso, comunicar siempre fue compartir algo, hacer públicos recursos e ideas, poner a disposición una cierta configuración informativa que, intrínsecamente, solo puede tener la forma de un monólogo – pero que al mismo tiempo (y casi como por arte de magia), produce otras configuraciones informativas y otros monólogos diferentes, que a su vez, producirán más y más comunicación.
La comunicación solo puede comunicar, y solo la comunicación comunica. En este sentido estricto, internet y las nuevas tecnologías no están hechos para las personas, sino para la comunicación, porque constituyen el medio ideal para la reproducción de la comunicación por medio de la comunicación. Así como los seres humanos (según Dawkins) somos el medio ideal para la reprodución de los genes, y existimos como individuos solo en segunda medida, como un producto residual de la incansable lucha de los genes por la reproducción; la sociedad (según Luhmann) es el medio ideal para la reproducción de la comunicación, y los individuos que la conforman existen como individuos solo en segunda medida, como un producto residual de la incansable lucha de la comunicación por producir más comunicación.
Monólogos siempre hubo – y siempre los habrá. Pero nunca hubo tanta comunicación como hoy. Los pesimistas de siempre, esos que vaticinan un futuro deshumanizado y lleno de soledad, deberían recordar que el hombre siempre estuvo solo. La Soledad (permítanme escribirla con mayúscula) es, y siempre fue, la condición humana per excelence. El paraíso, aquel estado primigenio del mundo en donde vivíamos en comunión y en unidad con el resto de las personas y con el universo, es solo un cuento de hadas para niños que, a esta altura, debería dejar de provocarnos mitológicas y vacías ilusiones. (Ni hablar de la moderna ilusión romántica según la cual “dos” es igual a “uno” y causante, al menos en parte, de las misoginias más horribles y de los sometimientos más atroces).
Solo entendiendo el valor y aceptando la irreversibilidad y la magnitud de nuestra soledad, y solo aceptando nuestra incapacidad de comunicarnos como si fuésemos fotocopiadoras, estaremos en condiciones de construír algo que se le parezca un poco a esa comunión perdida, a esa comprensión imposible, a ese amor inalcanzable y a esa tolerancia que hoy tanto dista de ser genuina. A esos efectos -por supuesto- cuanta más comunicación exista, mejor; porque aunque nosotros solo podamos producir monólogos, siempre conservaremos la capacidad de ser irritados por la comunicación (o, lo que en este contexto es lo mismo y para terminar con la jerga técnica: siempre podremos nutrirnos de la comunicación). Y no hay señales que indiquen que el caudal de comunicación que hoy genera la comunicación vaya a mermar en algún momento; sino más bien todo lo contrario.
¡Va a estar bueno el futuro!
//
* En resumidísimos términos, el modelo clásico de la comunicación plantea un flujo de información que obedece al siguiente esquema: “Emisor > Mensaje > Receptor”
# # #
Social communication, human loneliness
The problema of the classical model
The problem with the classical communication model is a problem of naïveté, understood as that mixture of ignorance and innocence produced by thoughts of low complexity. I’m not saying here that there are no simple and sufficient definitions – that’s what scientists talk about when they use the word elegance- but sometimes it’s necessary to introduce a bit of complexity to things if what we want is, as far as natural (this is, what is naturally possible for us), to be objective, honest and truthful.
We human beings, as animals or “biological machines”, have certain limitations we have to bear, which we should not ignore when it comes to making observations about reality. Albert Einstein said once, “It’s theory that determines what we can observe”, and even though the context was a different one, the implications of that axiom have a lot to do with what we want to propose here. To put it briefly: scientific observations of reality always happen within the frame of a theory and try to prove (or disprove) a given hypothesis; and everything that happens outside that frame (but which also, nevertheless, is part of a given reality we intend to observe) is simply ignored by that observation. That’s the blind spot of scientific observation. In the same way, in each possible type of observation there is a blind spot, an element that can’t be appreciated by the observer; or, at least, can’t be appreciated by the observer during that observation. An observation of the observation is needed to notice the existence of its blind spot. But even that second-order observation must have its blind spot; thus, the problem is unsolvable. (At least, if we regard the phenomenon as problematic; although systems theory, proposing a communication model radically different from the classical model, doesn’t see any difficulty here, but rather elements of analysis).
Accepting certain limits
The limitations we biological machines have when it comes to producing, perceiving and transmitting information conform the blind spot of the classical communication model. This model assumes the message can be transmitted from an emitter to a receiver and remain unscathed in the process (as if “the message” was some sort of parcel and had some entity of its own , independent from the subject); without noticing that we humans as systems are operatively closed to our environment and have no kind of direct connection with the world that surrounds us, and the only thing we can do is feel irritated by our environment, which is to say: perceive the world through alterations in our senses; and that those alterations take place within a limited spectrum of possibilities, determined by millions of years of biological evolution and a few thousand years of social evolution.
When perceiving it, biological machines interpret the reality around them (in that context we also talk about the subjective construction of the world). The scientific method and technology are weak attempts of society to counter the limitations of biological machines when perceiving reality, but if we talk about social communication, in the widest sense of the term, there is nothing we can fo to prevent the modification of the message that takes place during the process of communication: the communication does not transmit messages from a system to another; communication irritates systems, which translate that irritation into their own codes of information, and the process then reproduces, generating new irritations. To put it in a slightly technical way: communication engenders new communication. (And being even more technical: “Only communication communicates”.)
A happy ending
Thus, being strict, individuals are unable to communicate anything. Only communication communicates. For this reason, communicating never was “putting in common” in the sense of making something comprehensible for everyone in the same way that thing is comprehensible for the subject itself; in any case, communicating was always sharing something, making resources and ideas public, provide a certain informative configuration which, intrinsically, can only take the form of a monologue – but that at the same time (and almost by magic) produces different informative configurations and monologues, which, in turn, will produce more and more communication.
Communication can only communicate, and only communication can communicate. In this strict sense, Internet and the new technologies are not made for people but for communication, since they constitute the ideal medium for the reproduction of communication through communication. In the same way as human beings (according to Dawkins) are the ideal medium for the reproduction of genes, and we exist as individuals only in second term, as a byproduct of the tireless fight of communication to produce more communication.
Monologues, there have always been – and there will always be. But there has never been as much communication as today. The eternal pesimists, those forecasting a dehumanized future full of loneliness, should remember that man was always alone. Loneliness (allow me to write it with a capital L) is, and always has been, the human condition per excelence. Paradise, that primigenial state of the world in which we lived in communion and unity with the rest of people and with the universe, is only a fairytale for children which, at this stage, should stop provoking mythological and empty illusions in us. (Let alone the modern romantic illusion, according to which „two“ equals „one“, responsible, at least partly, of the most horrible misoginy and the most atrocious subjugations).
Only understanding the value and accepting the irreversibility and the magnitude of our loneliness, and only accepting our inability to communicate as if we were copiers, will we be in conditions to build something that resembles a bit that lost communion, that impossible understanding, that unattainable love and that tolerance that nowadays is so far from being genuine. To that effect –of couse-, the more communication there is, the better; bceause, even if we can only produce monologues, we will always keep our ability to be irritated by communication (or, what’s the same in this context, and to quit the technical jargon: we will always be able to nurture from communication). And there are no signs indicating the flow of communication nowadays generated by communication will decrease anytime, but rather the opposite.
What a great future it’s going to be!
//
* In very brief terms, the classical model of communication proposes an information flow obeying the following scheme: “Emitter > Message > Receiver”.
#
Por Juan Pablo Sáenz para YSE #29.
Popularity: 1% [?]
////Quizás te interese:























2 pareceres, respuestas o pings
Jorge Montecof
Un futuro incierto stop.
Las cosas han cambiado, desde las señales de humo al tong tong de los ruidos producidos por los golpes en los troncos huecos, pasando por el telégrafo y no sigo. La emisión ha cambiado y mucho. Lo mismo ha sucedido con el mensaje… stop. Y que decir del receptor, que se ha convertido en miles, que digo miles millones. El modelo clásico ha cambiado, variado y diversificado. ¿Para mejor?… Por supuesto la imparable tecnología manda, cuando, donde y como. La no aceptación de límites es una característica iniciada en el sioglo XX y para peor (o mejor) ampliada en el XXI. La soledad, inquieta y característica pero no sombría del hombre al cual acompaña desde la presunta época de Adán y Eva es justamente eso “acompaña” al solitario sin necesidad de otra cosa biológica o no. La naturaleza con su multiplicidad es la mejor soledad del mundo. Un mundo feliz?… Yo diría un mundo INFELIZ… sin pecar de pesimista (cualidad advertidamente preponderante en los seres más inteligentes) Basta con leer las noticias, comunicación diversificada, emisor-mensaje-receptor para darse cuenta de la triste realidad que nos rodea y sobre todo no tanto a nosotros sino a la excelsa tierra. Nosotros simplemente la habitamos. ¿Cuanto?… muy poco más así como van las cosas. No soy tan Pro en ese sentino. NO VA A ESTAR TAN BUENO EL FUTURO… Sin embargo…Vamos todavía…
30 Ago, 2011
Responder a “comunicación social, soledad humana, juan pablo sáenz: yse #29”