Y SIN EMBARGO magazine

Avatares de la vida. Ninots de UU, Miguel Ruibal, fernandoprats, Nirvana SQ, Leonie Polah, Brancolina, Thomas Hagström, Anna Christina, Thierry Tillier, Ezequiel Ruiz

Seven years of a periodical and independent publication is perhaps both necessary and long enough a time to verify or put into practice a set of ideas, wishes and adventures. YSE closes a cycle, but doesn’t close (neither literally nor metaforically). Seguiremos, pero seremos otros.

On air: YSE #29, LAST/s.

de la serie “diálogos insonorizados a mano”, miguel ruibal: yse #29

Un lugar noblemente amueblado. Ambos hombres visten de manera formal y ligeramente anticuada. Beben en copas de coñac y fuman con parsimonia.

- Le recuerdo, querido amigo, que fue usted el que primero hizo mención del altercado.
- No puedo menos que dejar constancia de que el altercado, como usted lo llama, ha sido reiteradamente comentado por su persona de usted.
- Eso no hace, en ningún caso, que sea menos cierto lo dicho.
-¿Lo dicho? ¿Por quién?
-¿Por quién? Lo dicho.
-En fin, lo cierto es que no me duelen prendas si he de aceptarle la cuota parte de responsabilidad que me cabe en todo esto. Aún así es de recibo que tenga usted la cortesía de permitirme dejar constancia de mi sistemática y tozuda apuesta para que el altercado llegase a encauzarse de forma beneficiosa para todas las partes.
- Me veo en la imperiosa necesidad de preguntar: ¿las partes de… el altercado?
-Sin duda es usted una persona curiosa.
-¿Una persona curiosa como objeto o como sujeto de curiosidad?
-Sus preguntas empiezan a hacerme el efecto nocivo de un cúmulo de erráticas y descontroladas manifestaciones de improcedente incertidumbre.
-Siempre le he envidiado su capacidad de repentizar imágenes envidiablemente poderosas.
-Dejémoslo estar.
-Será mejor.
-Después de usted.
-De ninguna manera.

(salen)

# # #

FROM THE “HAND-SOUNDPROOFED DIALOGUES” SERIES

A finely furnished place. Both men are dressed in formal and slightly outdated clothes. They drink from cognac glasses and smoke unhurriedly.

- I remind you, my dear friend, that it was you who first mentioned the quarrel.
- I cannot but state that the quarrel, as you call it, has been repeatedly commented by your person.
- That does not make any less true what has been said.
- What has been said? By whom?
- By whom? What has been said.
- All in all, the truth is I do not mind admitting my share of responsability in all this. Even so, it is appropriate for you to have the courtesy to allow me to state my systematic and stubborn commitment to make the quarrel be channeled in a way that was beneficial for both parties.
- I feel the pressing need to ask, both parties of… the quarrel?
- You are indeed a curious person.
- A curious person as the object or subject of curiosity?
- Your questions are starting to cause in me the harmful effect of a pile of erratic and uncontrolled expressions of inappropriate uncertainty.
- I have always envied your ability to sudden enviably powerful images.
- Let us rather forget it.
- It will be better.
- Please, after you.
- By no means!

(out)

Por Miguel Ruibal para YSE #29

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2 pareceres, respuestas o pings

  1. Jorge Montecof

    Con capacidad de síntesis, el diálogo que en apariencia no parece tener sentido, lo tiene. Creí bueno mostrar otra forma de colorear situaciones.

    Triálogo
    La enfermera prodigiosa. (De la serie Aníbal)
    Buenos Aires 2011
    Mercedes era una enfermera especializada, no solo a través de cursos realizados, sino también por la oficiosa experiencia que da la práctica. Encargada de dirigir a subalternos en un servicio de cuidados de recuperación cardiovascular en uno de los mejores hospitales de la capital, era además fisioterapeuta. De 50 años de edad conservaba su figura, había sido una linda mujer en la década de los 80 cuando estudiaba y luego se mantuvo así durante bastantes años más. Novió y casó en primera instancia, muy joven, dos hijos varones, uno en los EEUU que vivía en Nueva York y era agente de seguros y otro farmacéutico en Buenos Aires. Marido fallecido a los 44. Sin reincidir en el matrimonio, mantuvo luego una corta relación sin definición por propia decisión. Era inteligente y una excelente profesional y muy reconocida, sentía por Aníbal una cordial simpatía a quien venía atendiendo hacía ya diez años, desde su primera internación a los 82. Una paraplejía por fractura de la columna lumbar por una caída lo había dejado paralítico y con alteración de la función urinaria. Luego de asistirlo durante esa internación, por pedido del paciente continuó haciéndolo desde entonces en su domicilio realizando las tareas de “mantenimiento” como decía Aníbal. Sostenía discusiones por opiniones encontradas con el médico que lo atendía, nada rigurosas por cierto, más bien inocentes y hasta con cierta comicidad. El galeno era un viejo amigo de Aníbal, ya retirado al que llamaban Héctor aún así, todos se dirigían a él con cierta parsimonia su presencia imponía respeto. Especializado en medicina interna, solícitamente venía a ver a Aníbal diariamente almorzando con el y jugando luego al póker al dominó o ajedrez, enfrentados animada y cómicamente en charlas sin fin.
    Lucio había terminado de bañar a Aníbal, todavía enfundado en un uniforme que a Mercedes le hacía gracia pues parecía más un bombero que un asistente. Mercedes recién llegada se había acercado para cumplir con sus tareas y al ver a Lucio no pudo evitar sonreír al verlo.
    • Guarde esa risa burlona. Ya quisiera verla a usted hacer esto todos los días y con diligencia –dijo Lucio al ser sorprendido luego de que Marisa la mucama le abriese la puerta a la mujer.
    • Buen día Gruñón –respondió Mercedes –o yo estoy adelantada o usted está atrasado –finalizó diciendo mientras ojeaba su reloj.
    Lucio no dijo nada yendo cada cual a hacer lo suyo, mientras Aníbal en el dormitorio aguardaba a la enfermera, sentado, en el borde de la enorme cama en actitud de espera y sumiso, con su cuerpecito adelgazado y una camiseta de algodón blanquísima y calzoncillos de igual color, que disimulaban en parte la sonda vesical. Los gruesos nudos en las coyunturas acentuaban la delgadez de su atrofiada anatomía. Lucio había finalizado de sacarse el delantal que utilizaba para el baño así como los guantes mientras finalizaban de peinarlo, por último y ante la indicación de Aníbal rociaba el cuello y antebrazos del hombre con su perfume preferido, Eau Savage de Dior. Al entrar Mercedes, intercambiaron breves saludos, ligeramente ásperos dado el malhumor mañanero del dueño de casa. Mercedes comenzaba su labor golpeteando la espalda suavemente y acentuando a medida que transcurrían los minutos. Esto provocaba en Aníbal deseos de expectorar que Lucio atento y servil cubría, acercando una pequeña salivadera para lograr la acción, luego prolijamente pasaba un pañuelo de papel por su boca. Mercedes sonreía ante las maniobras que Lucio debía de hacer para equilibradamente lograr que Aníbal acertara el escupitajo. Luego hacía masajes en los cuatro miembros y finalizaba con ejercicios que nunca llegaban a buen término por la mala voluntad del paciente, terminando al poco rato. Finalmente, procedió al cambio de la sonda vesical, que una vez por semana realizaba con un elemento importado que hábilmente y bajo estricto control higiénico hacía tan rápido, que no daba lugar a queja alguna. Por último, procedía a realizar los habituales controles de pulso, presión y temperatura, dejándolos registrados en una planilla. Se sacaba entonces los guantes que había utilizado para el cambio de sonda colocándolos en una bolsa desechable y se dirigía para lavarse las manos al baño que en suite, estaba ubicado a escasos dos metros de la cama. Allí Lucio siempre atento, le ofrecía una inmaculada toalla y finalmente alcohol que dejaba caer goteando en ambas palmas de Mercedes.
    Al retirarse, saludaba a Aníbal, besando al aire y sin posar sus labios en las mejillas de Aníbal quien ahora más simpático, esperaba el pase a la silla de ruedas para desayunar. Sonriendo se estrechaban las manos y al darse vuelta para retirarse Mercedes recibió un golpe suave y repetido que Aníbal le propinó en las nalgas con una de sus palmas. Como siempre Mercedes se desentendió de la acción y se retiró como ignorando lo acontecido mientras sonreía.
    • Adiós… Mercedes… –fueron las palabras con las cuales la despidió Aníbal.
    Mercedes continuó sonriendo al retirarse pero sin responder. De espaldas la mujer agitó una de sus manos reconociendo así al saludo final del anciano.
    • Pícaro como siempre don Aníbal… –alcanzó a decir la mujer, antes de que Lucio cerrase la puerta de entrada, desentendiéndose este de efectuar comentario alguno y manteniéndose inmutable.

  1. planetalibro.net - 4 Oct, 2011

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